lunes, 21 de septiembre de 2009

UN ROSARIO POR ESTELA

Las perlas son el producto de una reacción de enquistamiento de una partícula extraña dentro del cuerpo blando de los moluscos, especialmente en los bivalvos. Las perlas más conocidas son las consideradas como gemas o piedras preciosas, por su simetría y su particular lustre. Las perlas preciosas son producidas en su inmensa mayoría por las ostras pertenecientes a la familia Pteriidae.
Las perlas naturales se forman cuando un cuerpo extraño penetra al interior del cuerpo del molusco, el cual reacciona cubriendo lentamente la partícula con una mezcla de cristales de carbonato de calcio (CaCO3) y una proteína llamada conchiolina, formando la sustancia conocida como nácar, que es la sustancia que forra la cavidad paleal del animal (las paredes interiores de las valvas). Al cabo de un período variable la partícula termina cubierta por una o más capas de nácar, formando una perla. Al estar compuesta mayoriamente por calcio, estas se disuelven en soluciones acidas.

ºººyeah, por la santa wiki, a quien no ha dado soluciones inmediatas a algun problema; en este caso, no fue la excepcion.

ºººchale, perdonanos Sadie; just smile dear

ºººEn esta ocasion, ES presenta el siguiente trabajo. En ES no nos hacemos responsables por contenido trasmitido. Aleje a los niños y machos man si estan cerca. Esperemos, este platillo sea de su agrado

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Noche lluviosa. Habitación lóbrega. A intervalos, el destello de los relámpagos devela todo momentáneamente. En una ventana escurre el agua, la soledad, y a través de ella; el exterior es difuso y sin sentido. Antes de empezar un rosario por Estela, Sadie contempla absorta las llamas de un quinqué sobre la mesa. Piensa, indecisa frota cada perla. La llama provoca que una botella de vino y una copa extiendan su estática sombra en la raída superficie de la mesa. Cae un relámpago, retumba el trueno, todo se revela albo.
Aprieta las cuencas en sus manos, pega la cruz a sus labios, maldice, ama, extraña, no recuerda cómo empezar un rosario, la llama parece reavivar en ella los rescoldos, el instante pretérito; la lejana pasión:
…yació en innumerables lechos de tantos hombres, como tantos hombres lo hicieron en el suyo, y también en innumerables veces, resultó herida, rota, parcialmente destruida. Amar le trajo amargas consecuencias. Sin embargo, pareció que los engranajes del amor cambiaron cuando conoció a Estela. Ella había devuelto a Sadie la esperanza, le ayudó a cicatrizar las llagas, hizo que entendiera que la dignidad era de lo más importante.
Fue una noche serena, estrellada; no solo en el exterior, sino también en ese cuarto en que estaban las dos iniciando el preludio de su obra. Estela era un poco más alta que Sadie, estaban abrazadas viendo el nocturno paisaje desde una ventana de la alcoba.
-Nunca antes habíamos estado así. –Dijo Estela, levemente al oído de Sadie.
-No, tal vez no habíamos tenido tiempo. –Contesto Sadie.
-Ahora hay que gozarlo; vivirlo lentamente.
-Así es, en verdad no parece que hayamos estado tanto tiempo juntas.
-Tienes razón, el tiempo se nos ha ido tan rápido, gracias Sadie, te quiero tanto.
-No tienes nada que agradecer Estela, yo también te quiero.
Las lacias cabelleras de ambas se unían en un mismo delta para desembocar en la piel de la otra, la de Sadie: nevada, la de Estela: arena. Sadie atraía a Estela para besarla, Estela la estrechaba por la cintura. Reían, se acariciaban, el silencio era cómplice.
-Dicen que Sirio es la estrella más brillante que se puede ver desde la Tierra. –Dijo Estela, contemplando la oscura y punteada bóveda.
-¡¿En serio?!, ¿y cuál es de todas esas?
-¡No lo sé!, creo que lo leí, ja ja, lo dije por tus lunares negros en tu piel clara, a veces me parece que son como estrellas o constelaciones.
-¡Estás loca Estela!, ja ja, ¡no sabía que también eras astrónoma! –Replicó Sadie.
-No te lo había dicho, era un secreto, en realidad, lo soy solo de ti.
-Entonces está bien, pero solo estudia mis constelaciones.
-Pues si tu permites verlas una vez más… -Dijo Estela, besando a Sadie en el cuello.
-Las veces que quieras… –Contestó Sadie, apenas en un susurro.
Sin saber cómo, sin pensarlo, sin haber tenido conciencia de sus movimientos, ambas se encontraban casi tendidas en la cama. El pálido fulgor lunar era lo único que iluminaba la pieza. El relente, se condensaba lento en el cristal de la ventana. Un beso tras otro, el dulce crepitar, asìanse, recorrían cada rumbo de sí mismas. El cauce de sus emociones se desbordaba lento, y lento, se iba cada una desprendiendo de la ropa. Fue así como Sadie descubrió el rosario, estaba resguardado en el mejor altar que hubiera conocido: pendía del cuello de Estela, cada perla nacarada contrastaba con su piel morena, y descendía hasta quedar la cruz y ultimas cuentas resguardadas entre sus pechos. Fue hermoso. Sonríe. No puede borrar de su mente aquella imagen delirante. Besa la cruz.
Sus cuerpos estaban sin envolturas, sus torsos aproximaban la simetría. Fueron dos estatuas, Sadie: concebida en marfil, Estela: de ébano tallada. Repasaban cada relieve buscando nuevas rutas. A Sadie le gustó mucho ese rosario, pendía perfecto del cuello de Estela. Deseó más que nunca ese cuello, lo acariciaba, tomaba entre sus manos cada perla. Descendió, sintió el corazón de Estela galopando, hasta llenar de besos la cruz y el templo que la albergaba. Esa cruz que ahora tiene entre sus manos, y en sus manos y labios todavía siente los tibios senos de Estela.
-¡Qué bonito rosario! –Dijo Sadie.
-¿Te gusta mucho?
-Sí, es genial, es hermoso. –Contestó Sadie, acariciándolo, contemplándolo entre los senos de Estela.
-Te lo regalo, como otro recuerdo, pero tienes que prometer algo.
-¡Si!, ¡si!, lo que sea, ¿Qué tengo que prometer?
-Cuando me vaya, tienes que rezar por mí un rosario, ¿lo prometes?
Sadie enmudeció, sabía que era un hecho que Estela se marcharía.
-Está bien, pero no quisiera que te vayas.
-Sadie, lo hemos hablado tantas veces, es inevitable, no hagas esto más doloroso. Anda, tenlo, ahora es tuyo. –Dijo Estela, colgándole el rosario a Sadie, su mirada era un poco vidriosa al contemplarlo pendiendo entre los senos de Sadie. Sonrió nostálgicamente.
-¿Sabes algo? –Agregó Estela, tocando el rosario.
-¿Que cosa?
-Je l’ai acheté à Paris, c’est beau, non?
-¡Oh!, ¡¿que dijiste?! Solo entendí algo de Paris.
-Sí, que lo compré en Paris.
-¿En serio?, parece muy caro. ¿Y cómo es Paris?
- Oui, c’est vrai qu’Il a été très cher. Et Paris est simplement un lieu charmant…ja ja, si, se supone que es de perlas reales, y me costó muy caro. Y Paris es un lugar encantador.
-Debe ser una gran ciudad, ojalá algún día pudiéramos ir.
Sadie suspiró, besó a Estela
-Dime algo lindo en francés.
-Chère Sadie, tu es tellement jolie, je t’aime plus qu’à ma vie ! Tu es l’unique que je veux, juste toi, on aime, juste toi et moi, dans ce moment, je t’aime, sur cette nuit.
-¿Qué me dijiste?, ¡algún día tendrás que enseñarme francés!
-Querida Sadie, eres tan linda, te amo más que a mi vida, eres lo único que quiero, solo tú, amándonos, solo tú y yo, en este momento, te amo, en esta noche…
Y sucedió la eterna noche, la noche mágica, la que Sadie recuerda. Nada le importó más que Estela, tan solo ella, la dueña del rosario guarecido entre sus senos. Se amaron hasta el cansancio, hasta que terminaron agotadas, exangües, hasta no haber entregado todo. La soledad e inexistencia quedaron parcialmente anuladas de sus vidas en aquel instante que fuera la eternidad. Estela forró de besos el cuerpo de Sadie sin dejar el mínimo pliegue sin recorrer. La abrazaba, las estrechaba hacia sí, clavaba las uñas en su espalda, en sus muslos, mordía su cuello y oídos. La esclavizaba entre sus piernas, jadeaba, sonreía, ronroneaba; todo aquello como el cielo.
Sadie amó más que nunca, más que a sí misma y todas sus creencias. Sadie amó no por hacer cosas diferentes, sino porque al hacer lo mismo, reinventó lo cotidiano. No pensó en otra cosa más que ese acto de la alcoba. Subyugarse dentro del cuerpo de Estela era ligero, placentero, dominante, su pulso desbocaba, sus labios se humedecían y le pareció mejor que todas las efímeras eyaculaciones sin sentido que alguna vez recibió. Juró lealtad a Estela, su Estela, la única y lo único en su vida. Después de todo, ambas se encontraban disminuidas, ligeras, en la esencia de ser auténticas, abrazadas y sin hablar mucho. Esperaban serenas, rendirse al sueño.
Sadie suspiró.
-¿Por quién suspiras?
-Por ti, Estela, solo por ti.
-Te amo. –Contestó Estela
-Yo más, pero dime que me extrañarás mucho, mucho, y que nunca te olvidaras de mi.
-Claro que te extrañaré, demasiado, y obviamente nunca podría olvidarme de ti.
-¿Me lo prometes?
-Prometido.
-…¿Estela?
-Dime Sadie.
-¿Pensarás en mi todos los días, verdad? ¿Cómo se diría en francés?
-Oui, Je vais penser toujours à toi, ma vie, ma Sadie ; ma chère Sadie…
***
Cae un nuevo relámpago, todo se ilumina. El rosario parece adquirir un nuevo matiz entre los dedos de Sadie. Besa la cruz, recuerda los senos de Estela, desea al momento hacer más suyas las memorias, el pasado, cada minuto acontecido. Sirve vino hasta los bordes de la copa, y en ella, deja caer el rosario; la alcalinidad cede a la acidez. El acto está casi concluido. Y como lo hizo Cleopatra por Marco Antonio, Sadie brinda por Estela, no sin antes persignarse y decir: Santa Maria, madre de Dios, ruega señora por nosotros…
Apurada la copa y elevada la promesa, Sadie sabe que en el baño alguno de sus infructuosos amantes dejó navajas de afeitar. Oxidándose; la esperan.


martes, 8 de septiembre de 2009

LA PRIMERA LLUVIA

¿Quien es aquel de nosotros que, en sus dìas de infancia no ha soñado el milagro de una prosa poètica musical, sin ritmo y sin rima, y lo bastante docil y contrastada para adaptarse a los movimientos del alma, a las ondulaciones de la ensoñaciòn y a los sobresaltos de la conciencia?::::
-CH.B. magnifique, formidable, très bien, sì beaux, je t'adore

ºOra pues, vamos a darle. Ahoy mesmo la tripulacion de ES era re harta feliz por presentarles La primera lluvia, si patron, sabemos que su merced ya leyò estas lineas, y que jueron publicadas aqui mesmo, pero le aseguramos jefecitos, que es una versiòn mas chula que la primera.

ºVenga, por estas primeras lluvia, que nos hacen ahogarnos en nuestros pensamientos, al estar solos en casa y arrellanados en nuestras camas, por estas lluvias que nos decir cosas como"-chingao, ya empezò a llover, puta madre apurate que ya va a llover"- por estas lluvias, que nos dan buen pretexto par gastarnos un cafe y un cigarro mientras matamos el tiempo en frente de la tv, venga! por estas lluvias!

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En cromáticas escalas, de soleado a nublado, el día se trocó. Llegó el gélido cierzo que revuelve la hojarasca y devuelve las memorias de precedentes inviernos. De este modo, la primera lluvia del año cae. Limpia la ciudad, corre por las calles formando riachuelos imprevistos, arrastra basura en los inmundos arrabales, fecunda las horas secas ablandando los momentos presentes. Desde esta casa, sin ti, contemplo la primera lluvia del año. Me gustaría disfrutarla contigo, ambas, son frías, melancólicas y libres. Los pesados cortinajes de la casa esconden brunas y grandes mariposas, las goteras susurran tu nombre, y cae la primera lluvia del año. En los ángulos de los cuartos resuena el golpeteo del agua; algo dice desde su líquida entidad: ausencia, imagen, conjeturas. Cae la primera lluvia del año, me gustaría contemplarla contigo, tal vez no sería tan triste, ni de otro modo, este momento tan oscuro. Los árboles se mecen, las ventanas se llenan de vaho, y en ellas escurre la soledad. La primera lluvia del año es oportuna, ha venido a limpiar los retazos de pretéritos errores, y ahora, corre directo al drenaje del olvido. La primera lluvia del año es extraña, y en ella, te siento más. Cae la primera lluvia del año, los grillos callaron, las ratas buscan otras rutas y orinan en los marcos de las puertas, contemplo esta primera lluvia sin ti. El cielo es un espejo turbio, no deja discernir entre la pena y el goce. Cae la primera lluvia del año, el agua limpia las baldosas, se extiende hacia indefinidos rumbos, donde lejanos, en brumosos horizontes nos pensamos.

martes, 25 de agosto de 2009

DIALOGO PARA SADIE, VIKTOR Y UNA CATARINA

ºSadie, just smile dear, make them thakfull for every breath....
ºalguien sabe que comen las catarinas?, en ES no estaria de mas saberlo.

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Sadie era una niña, jugaba sola en casa. Repentinamente, del cuarto de sus padres, escuchó gritos como en otras ocasiones.
-¡Eres un maldito mal agradecido! ¡¿Cómo carajo pudiste hacerme esto?! ¡¿Por qué no me lo habías dicho antes?!...-Gritaba su madre. Se escuchaban golpes y objetos caerse, la discusión continuó por más tiempo.
-¡Arréglate niña, ahora mismo nos vamos! –Gritó su madre al salir. Fueron los tres a un barrio muy pobre que Sadie desconocía, llegando a una casa de aspecto hediondo rodeada de charcos, maleza y chatarra. Los recibieron un señor y una señora. Dentro, los padres de Sadie y aquellos señores estuvieron discutiendo. Sadie jamás olvidaría cuando en la pobre sala apareció un niño de apariencia insana, más o menos de su edad, que vestía harapiento; pero lo más lastimoso era una malformación en toda una mitad de su rostro, y al caminar, cojeaba debido a alguna anomalía. El niño comenzó a llorar; entonces, apareció una muchacha que era su madre. El padre de Sadie no alzaba la mirada, su madre contenía en sus ojos rojos el llanto y el coraje. Sadie comprendió lo que pasaba. Su padre había embarazado a aquella muchacha, y aquel niño de aspecto lamentable era su medio hermano.
Sadie no supo en qué concluyó todo. De regreso, ella y sus padres pasaron a una tienda donde vendían papalotes.
-¿Quieres un papalote? –Le preguntó su madre. En realidad, Sadie no deseaba nada.
-¡¿Qué si quieres un papalote?!, te pregunto –Volvió a decir su madre.
-Si –Apenas contestó Sadie, eligiendo uno rojo.
Antes de que llegaran a casa pasaron a un gran llano.
-Puedes ir a volar el papalote, aquí te esperamos –Le dijo su madre. Obedeció porque sabía que sus padres seguirían discutiendo.
Ella volaba el papalote sin convicción. La tarde era soleada, en el llano destacaba un gran árbol del que Sadie estaba cerca. Un chico se acercó a ella, tendrían los dos la misma edad.
-Hola, ¿me dejarías volar tu papalote solo un rato? –Dijo el recién llegado.
-Hola…si, ¿por qué no?
Y el niño dejó al papalote elevarse mucho más. Sadie se estremeció y sintió que llegaría a tocar el cielo. Al seguir su vuelo se deslumbró cuando el papalote pareció disolverse en el inescrutable disco solar. Súbitamente, se soltó una fuerte ráfaga de viento, el niño perdió el control y el papalote se enredó en el árbol. Los dos se miranron, Sadie solo alzó los hombros, el niño estaba apenado.
-Lo siento, no era mi intención dejar que pasara esto.
-No te preocupes, no importa, en realidad yo no lo pedí.
Se hizo un silencio incomodo.
El chico hizo más intentos por bajarlo, pero sólo consiguió que la cuerda se rompiera.
-Ya, te digo que no te preocupes, sé que no lo hiciste a propósito.
-En verdad lo lamento, me siento tan mal, tu papalote era genial. –Y el niño se sentó cabizbajo a la sombra del árbol. Sadie hizo lo mismo, los dos escudriñaban la hierba.
-¿Y cómo te llamas?
-Sadie, ¿y tu?
-Viktor.
-Mira, Sadie, te regalo esta catarina por lo de tu papalote. –Dijo Viktor atrapando al insecto de la hierba entre sus pequeñas manos y depositándolo en las manos de Sadie, ella rió un poco.
-Muchas gracias, pero, ¡¿y qué comerá?! –Dijo sorprendida.
-¡Tienes razón! -Dijo Viktor arrancando un pedazo de corteza del árbol-, toma esto.
-¿Pero estás seguro que comerá esto?
-Si, y si no, ella misma buscará su comida, las catarinas son listas, y esta es tan roja como tu papalote.
-Bueno…muchas gracias. Tengo que irme Viktor, adiós. –Dijo Sadie levantándose y manteniendo la catarina entre sus manos.
-Claro Sadie, adiós.
Antes que ella diera unos pasos más para volver a donde estaba sus padres, Viktor le dijo:
-Sadie, ¿vendrás aquí otra vez? ¿Mañana por ejemplo?
Ella se quedó pensativa.
-Mmm.. si vendré, nos vemos mañana, ¿te parece?
-Está bien, hasta mañana entonces, Sadie –Dijo Viktor agitando una mano.
Llegando donde se quedaron sus padres, Sadie notó algo de inmediato. Tan solo estaba su madre sentada en la banqueta, con las manos cubriéndose el rostro.
-Mamá, ¿dónde está papá?
-Hija; papá hoy no regresará –Contesto su madre descubriéndose el rostro.
Y tampoco regresó al día siguiente, ni después del siguiente. Pasaron tardes incontables en las que Sadie estuvo con Viktor y su padre no regresaba. Los padres de ella pensaron que con lo del papalote se olvidaría de todo, pero no fue así. A la mañana posterior, Sadie se dio cuenta de que su catarina había escapado
…

sábado, 15 de agosto de 2009



Un medico Israelita comenta:'La medicina en Israel está tan avanzada que nosotros le quitamos lostestículos a una persona, se los ponemos a otra y en seis semanas ya está buscando trabajo. Un medico alemán comenta:'Eso no es nada, en Alemania
Le sacamos parte del cerebro a unapersona, la ponemos en otra, y en cuatro semanas ya está buscando trabajo'.
Un medico ruso comenta:'Eso tampoco es nada, en Rusia La medicina está tan avanzada que le sacamos la mitad del corazón a una persona se la ponemos a otra y en dos semanas, ambas están buscando trabajo'.
A lo que el medico
mexicano responde:'Nada que ver, todos ustedes están muy atrasados!!, fíjense quenosotros en México , agarramos a una persona sin cerebro, sincorazón y sin huevos, lo pusimos de PRESIDENTE y ahora todo el país está buscando trabajo!!!


martes, 11 de agosto de 2009

THE SONG REMAINS THE SAME: Una carta de Sadie




Este cuento es patrocinado por Cicatricure Crema.
YEAH!. THE SONG REMAINS THE SAME, gran film del dirigible, obvio salen sus clasicos, moby dick, stairway, whola lotta love y claro, no falto SINCE IVE BEEN LOVING YOU, y al escuchar esta rola, efectivamente, la cancion me recordo lo mismo -the song remains the same- , aquella enfermedad, aquel transtorno, aquella indigestion, aque mal viaje, aquella peda malo onda, en fin, obviamente sinve ive been loving you es buenisima, y me recordo esos tiempos: pero bueno, el solo sigue siendo excelente, las vocales, geniales y he llegado a la conclusion de que eso ya no duele, si, aun queda la cicatriz (un tanto hipertrofica y queloide), pero ya no se inflama, ya no duele, y con Cicatricure Crema (la ya famosa crema rosita -adela micha) seguramente quedare como nuevo, que cosas. Ademas la inflamacion, que estaba tomando curso cronico, ya disminuyo: menos histamina, ahi mas o menos de fibrosis, menos celulas de la inflamacion, menos factor de necrosis tumoral, y asi: todo ya esta bien. Y bueno ahora que los sponsors son generosos, aqui una carta de Sadie, es buena chavala, pero la vida la trata mal, nos entedemos bien, espero lo disfruten. por cierto, esta es la version completa, extendida y mejorada de una parte de lo que fue 2super cuentos inspirados en 2 super canciones en este su blogg
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Ya era tarde cuando Sadie salió del trabajo, algo pasadas las once, como siempre. Las calles estaban vacías, en algunas esquinas había gente platicando, de entre las sombras se distinguían sus siluetas negras y cigarros encendidos. Oíanse ladridos de perros, motores ruidosos de camiones desvencijados. De las ventanas de las casas salían discusiones familiares, sonidos de televisores encendidos o simples pláticas monótonas. Aquellos arrabales eran antiguos, los primeros construidos cerca de la playa. El oxido y el salitre todo lo consumían: las verjas octogenarias, bisagras de puertas que gemían, hasta los postes del alumbrado público, en los cuales, miríadas de insectos voladores pululaban bajo los focos opacados por la suciedad. Sadie atravesó un parque descuidado, la vegetación estaba crecida en exceso y en ella se oían los grillos, la melancolía, y al fondo, en lo que alguna vez fueron juegos para niños; la plática de un grupo de jóvenes. Llegó a cierta calle en la que apenas había alumbrado, un anciano tomaba el fresco oyendo la radio en el pórtico de la casa más cercana a ella.
-Buenas noches señorita.
-Buenas noches –Apenas contestó Sadie.
El viejo vio pasar a Sadie y musitó algo para sí. No parecía que hubiese vida en aquella calle de no ser por el viejo y su radio, de algunos cristales salía alguna luz tenue, pero no se oía algo más. Llegó al fondo, justo al edificio de viejos departamentos. Abrió la reja, algo dijo desde su poca lubricada entidad. Sadie subió, los escalones estaban sucios, por doquiera habían latas de cerveza, cadáveres de insectos, basura, y un perro enfermo que dormía a la puerta de un departamento deshabitado. Alcanzó por fin el último piso y suspiró al mirar la última puerta, estaba algo caída y su madera vieja bien podría servir para venderse a cualquier módico precio. Un foco casi fundido iluminaba aquella miserable entrada. Sadie sacó las llaves, pero le pareció mejor tocar, y antes de hacerlo, escuchó una voz masculina y otra femenina, parecían divertirse. Sadie no reaccionó de ningún modo, de alguna manera era eso lo que esperaba. Mejor se fue.
Bajó las escaleras de nuevo, el perro sarnoso le ladró como despidiéndose, era en verdad aquel ladrido la única muestra de vida que en ese momento habían en ese edificio ruinoso. Desanduvo la calle, el viejo ya no estaba ahí, y ahora las pocas luces que estaban encendidas se habían apagado. Caminaba despacio, el viento revolvía sus cabellos y el ruido de sus pisadas era lo único que se escuchara en las solitarias calles, dobló por una esquina y llegó a otra calle; esta al contrario de otras, rebozaba de la vida mundana. Habían algunos bares y otros lugares donde dispersarse insanamente, de igual manera, había mucha gente parada en las entradas de aquellos establecimientos, Sadie entró en uno de ellos, no había muchos clientes, y comenzó a buscar a alguien, pronto, una mujer le tocó el hombro, era su conocida
-Pensé que ya no vendrías –Dijo la mujer abrazándola.
-Sí, pero es que pasé antes al departamento –Contestó Sadie con la mirada fija.
-¿Y luego?
-Nada, ya sabes que –Dijo Sadie.
La mujer no parecía encontrar una respuesta a ello.
-No sé qué decirte, eso nunca significó algo bueno para ti, mira, te doy mesa, y en cuando más gente se valla, platicamos. ¿Te llevo lo de siempre no? –Le dijo la mujer.
-Si por favor, gracias.
Y la mujer abrazó a Sadie, quien la hubiera seguido se hubiera dado cuenta de que era la primera vez que sonreía. Aún seria era bella, pero sonriendo, se podría decir que la belleza sonríe.
Había una ventana junto a la mesa donde estaba Sadie, su interior le regalaba una postal lastimera de gran parte del barrio, al fondo el mar lucia acompasado, aquella noche había luna, y junto con su sequito de estrellas, adornaban la pantalla celeste. La conocida de Sadie llegó luego con un tarro de cerveza oscura y cigarros.
-Ahora regreso, de todos modos hoy no se llena mucho –Le dijo.
-Gracias, no hay problema, aunque también podríamos vernos mañana y platicar, hoy no me quedaré muy tarde –Dijo Sadie mientras encendía un cigarro.
-Sería mejor así, mira nada más que cara traes, estás molida.
-Ya me acostumbré –Contestó Sadie mientras exhalaba el humo.
-No creo, pero ya regreso.
Sadie contemplaba por la ventana mientras fumaba y daba un trago a la cerveza. Se pasó una mano por el cabello y de sus cosas sacó algunas hojas de papel y sobres, destapó la pluma fuente y anotó.
“Mi vida, mi amor:
¡Mira que noche tan más hermosa, tan más esplendida!, como si Dios la hubiese dispuesto solo para nosotros dos, y paseáramos de la mano por la playa, como queriendo querernos, y; ¿por qué no dar rienda suelta a la imaginación?: amarnos en la arena con la luna y estrellas como únicos cómplices o testigos…
Pero no, hoy sé que no es así, y nunca lo sería, por ti, por mí, y nunca lo será. Estoy en el bar donde trabaja mi amiga, bebo cerveza y fumo (desde que te conozco lo hago sin parar), la ventana de donde estoy me ofrece esta magnífica fotografía de la playa y de repente se me vino a la mente esa linda idea. Sé que tal vez ya debería estar en casa descansando, en la tuya o en la mía, pero descansando.
Me conoces, sabes cómo me gusta la cerveza, y más si es oscura, tan solo fría y amarga. ¿Pero sabes?, esta amargura no se compara con la que he vivido estos últimos años, no son ni en lo mínimo similares; imagino ya estás descubriendo a que voy.
Trabajo de siete de la mañana a once de la noche todos los días excepto domingos (por suerte hoy es sábado) y esto hace que sienta mi vida como arrastrarse, no creo que esté bien. Tú lo sabes, muchas veces saliendo iba a verte, era lo que más esperaba con ansia después del trabajo, y te lo agradezco, a veces si fingías muy bien quererme. No importaba la situación, no importaba si estuviera lloviendo o ya fuera más tarde, siempre quería verte, tenerte junto a mí, abrazarte, acariciar tus lacios cabellos, pensé que tú apreciabas todos esos detalles. ¿Qué cosas no?, realmente siempre he sido muy ingenua, la mejor de las que hay, hice lo que pude porque te amo, bebé, cuanto te amo, querido, como te amo, niño, mi pequeño niño; pero mi amor, desde que te he estado queriendo siento que voy a perder la razón.
Todos me dicen que no significas nada bueno para mí, que eres una basura en mi vida, que te debo olvidar. Y lo he estado haciendo, he estado intentando de verdad, pero es difícil. ( ¡Dios, dime tu!, deja que te diga que realmente hice lo mejor que pude, lo mejor, lo mejor…aun estando trabajando de siete a once y sintiendo que me arrastro, ¡¿Dios?! ¡Esto no está bien!)
Ya no es bueno que te quiera tanto, mi vida, voy a perder la razón. No es justo, me resisto a amarte tanto, a extrañarte, estoy harta y me rindo. Últimamente he llorando, solo por ti, en la oscuridad de mi mente caen las lágrimas como lluvia, ¿no las escuchas caer?, tal vez no te importe demasiado, y te comprendo. Quizá te aburriste de mí, te aburrió que te quisiera tanto, que te tratara como la única cosa especial de mi vida, lo que tú necesitas es una maldita que te trate como animal, que te haga sufrir, que te seduzca con dolor aparte de sexo y ternura, y yo no puedo hacerte lo primero; lo único que quería era seguirte queriendo y que te dejaras querer, no te voy a obligar. Y te escribo porque quiero ser sincera y terminar ya con todo, y he de confesarte que te extrañaré mucho, que extrañaré tu piel blanca, tu manos crispadas y nudosas, que extrañaré las noches calurosas cuando me hacías el amor como si fuera la última vez que estuviéramos juntos (al día siguiente despertaba más enamorada), y hasta el mismo cansancio delicioso de la siguiente mañana por haber saciado la sed imperiosa de nuestros cuerpos. Que recordaré como nos conocimos, que recordaré nuestras primeras palabras, el sabido sabor sabio de tu saliva, las pláticas pretéritas, las fotografías de ti y tus ojos miel, el vello en tu abdomen que caprichoso descendía. Que no olvidaré como me sentía enamorada, que tu imagen me perseguía a todos lados y encontraba tu nombre escrito en todas partes: en los grafitis de las bardas, en las tiendas, en las marcas de productos, en canciones (por cierto, en este mismo instante están tocando un blues exquisito), y en cada corteza de mi ahora decrépito corazón. Mi amor, en verdad te quise tanto, no se porque complicaste de repente las cosas, a veces te desaparecías y sin más volvías, sin explicaciones, si nada que decir, que triste que yo te haya esperado pensando en la efigie de estar algún día siempre juntos. No hay más que hacer, no hay más que decir -el blues que digo ahora ha tomado una cariz dramático, si mis oídos no me engañan, la guitarra es muy buena, gime, llora, algo desgarrado y expresivo alardea desde de sus seis tensas cuerdas, hay un órgano que complementa perfecto; y bueno, la voz del vocalista es genial: aguda, dolorosa, nostálgica- (perdón, sabes que me gusta la música, si me quedara más tiempo iría con mi amiga a preguntar por el título de la canción). Qué triste estoy, como me gustaría que llegaras y me abrazaras, y todo cambiara de repente, qué fácil es soñar, pero no, esta noche no será así. Algo tiene que cambiar y estoy segura de ello. No sé, todo es un escollo, te odio y te amo, quiero llorar, quiero huir, estoy rota, siento dolor al pensar que me arrepiento de haberte conocido, quiero que me des un beso; creo que he llegado a una resolución, y me dan ganas de utilizar esas palabras (no sé si soy digna de ello, tu sabes que todos dudamos): “…aparta de mí este cáliz”. Punto final, te quiero.(nunca tuviste el valor para decirme que ya no me querías)”.
PD: hoy te fui a buscar, quería despedirme y hablar, que tal vez hiciéramos el amor, que tal vez terminamos en un final feliz inexistente o resignado: yo en la mañana despertándome para vestirme e irme sin que lo supieras; por ejemplo (ese es un clásico) y dejarte esta carta, pero estabas con alguien.
Sadie terminó la carta, la colocó en el sobre y lo cerró. En su bolso tocó un reluciente Magnum, era igual de hermoso que ella, y se cercioró de que hubiera una bala en una de las seis cámaras. Ahora solo faltaba decidir para quien sería aquella única munición.

miércoles, 5 de agosto de 2009

DIAS (*fragmento)


signed in blood


º à ta memorie


esos dìas,

hoy atardecidos,

los que ya no son ahora,

sino memorias al azar

e infinitas consecusiones.




lunes, 3 de agosto de 2009

LOS SABADOS

Era una accion improvisada, no habìan dialogos. El lugar: el de siempre, aquel antrillo de gays (80%), lesbianas (15%) y bugas (5%), la compañìa: la de siempre.
Mi amigo bailaba y se conocia con algunos hombres. Desde donde yo estaba la vì: ahi estaba ella, bailando con su novia, y se dieron cuenta de que las miraba, sobre todo que marcaba a ella, se besaban y me miraban. Sus cervezas se acabaron, al ir por mas pasaron junto a mi. Subitamente tomè una actitud que jamas tomo, le pregunte su nombre.
-oye, ¿como te llamas?
-sabado -respondio su novia
Me quede desconcertado. Ellas rieron
-oye, ¿como te llamas?
-sabado -volvio a responder su novia.
Las miraba, algo a mi tambièn me daba risa.
-que los sabados me la cogo -Añadio su finalmente su novia.
Y se fueron. Aun lesbiana, la encontre mas encantadora.