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domingo, 1 de marzo de 2015

FLUIR ENTRE LOS PROBLEMAS






Lavé el auto en la tarde de este día. En dicho proceso, todo salió perfecto, es decir, todo normal y bien, porque cuando uno lava el auto en realidad son pocas las veces que acaecen eventos más allá de lo normal o que superen los parámetros de control humano, y que al final, nos lleve a obtener un dinosaurio o encontrarnos oro entre los rines.
Como sea, ya había terminado de lavar el auto y únicamente finalizaba aplicando silicón a los acabados de plástico y neumáticos. La crema de silicón que utilizo venía contenida en un recipiente plástico bastante endeble, y que ya de por sí se encontraba roto de algunas partes. (Aquí es donde los estándares de normalidad, a la hora de lavar el auto, colapsaron).
Ya cuando estaba guardando todo manipulé dicho recipiente de una forma no tan brusca, pero que fue sufuciente para que en la parte inferior se abriera un boquete, ¡y plas!, parte del silicón se desperdigara y quedara una plasta informe de vómito industrial. Reaccioné y enderezé el recipiente lo más rápido posible, de modo que ya no perdiera más silicón. Su puta madre, fue mi respuesta automática, y tras mascullar no se cuanta estupidez, pues traté de solucionar el problema.
Y ahí estaba todo, en solucionar el problema. 

Primero pensé en taponar el boquete, ¿pero como?, con una bolsa se siguió saliendo, y quizá usar cinta adhesiva hubiera constituido una solucion provisional puesto que el silicon hubiera terminado por vencer a la cinta. No, por ahí no iba. Luego pensé en un bote de aluminio (vacío, claro está) de café soluble, pero me pareció poco óptimo, porque luego tendríamos que sacar el silicón a cucharadas o de alguna forma nada práctica. However, me encontré al momento con un bote de cloro, de tapón y rosca estrechos (que al menos permitiría una mejor dosificación que el bote de aluminio). Fue rápido, simplemente pasé el silicón restante a dicho bote con la ayuda de un embudo y punto. Sin embargo, el hecho remarcable en todo esto, fue que incluso el dosificador original del silicón pudo adaptarse al nuevo bote (con un ligero recorte del tubo) y que al final terminó resultando más práctico. Ahora, cuando vuelva a comprar silición en contenedores tan frágiles, simplemente rellenaré el nuevo bote que implementé.

Pues bien, así tratemos de ser con los problemas. Quizá en una primera fase podamos mentar madres, pero que esa primera fase no se prolongue, y sepamos encontrar un solución. Adecuarnos, adaptarnos, y usar lo que haya a mano de la mejor manera. Esta situación del bote y el silicon desperdiciado me perció muy ad hoc. Y como ya me ha ocurrido en otras circunstancias, trabajé la situación con la misma frialdad, precisión y enfoque de un neurocirujano reparando la inervación de los músculos de la mano. Y esto, más otras consideraciones, puede ser aplicado para problemas mayores de la cotidianidad. Frialdad, precisión, enfoque. Fluir entre los problemas, fluir, fluir, pasa que a veces no podemos emitir todo ese caudal de empuje que quisieramos, ya sea por los obstáculos y demás, pero tal como el agua, ese caudal puede dosificarse, y fluir y filtrarse en su totalidad entre los resquicios de la adversidad, hasta que tras un esfuerzo -goteo- contínuo, el resultado se concrete. 
Fluir. 

sábado, 18 de octubre de 2014

ALL THE TIME IN THE SAME PLACE, ALL THE TIME WITH THE SAME PEOPLE

...writen in those days



Living all the time in the same place and staying with the same people could be, in general terms, explored in working or studying purposes. I will depict the pro's and con's in a general way. First of all, living in the same place could have more advantages related to comfort. If someone choses this living option could be close to his/her family, job, and knowing already all the places in the same city. In my opinion, going further or changing residence could have some advantages. For example, one will discover new places, meet new people and will live in personal ways of space and requirements. Similarly, loneliness could help to grow some maturity in certain daily issues as cooking, cleaning, and tacking care of one's self. However, living/working in another place implies certain things that could be harder in the beginning, just like to learn more efficiently how to manage money or getting lost in new addresses. Likewise, we must take into account to pay services and all the stuff required for daily living. In addition, what could happen if you get sick, like for example, of a cold? None of your family will take care of you. Maybe it isn't worthy this kind of life at all. Nevertheless, I argue that to leave the town/city where we were born, could conduce us to reach things that the other option almost impossibly wouldn't do it. In other words, I am refering that leaving comfort places (setting aside daily issues) could lead us to grow in other and even better levels of mindfulness or consciousness. That is to say, knowing better about our spectations, dreams or plans. And yes, maybe with the time get ourselves firmly rooted "there" in that "new" place. Afterwards, this matter could have many options and opinions to be regarded. But, finally, as each one  who decides his/her life's own is developed and carried out. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

CAPÍTULO VEINTE DE "EL CLUB DE LA LUCHA" de Chuck Palahniuk

Estaba leyendo el capítulo veinte de la novela "El club de la lucha", y en el curso de la narrativa de Palahniuk, ya no leía, me leía.

"Tenía veintiuno o veintidós años. Realizaba prácticas en un hospital privado. Yo bostezaba, era sábado por la mañana y el paciente con el que trabajaba –un junior, lesionado medular- me dijo: “Tú no haces lo que te gusta, tú estás aquí porque tus papás  ya no te quieren en tu casa”. Que hijo de toda su puta madre, no tenía humildad, ni aún cuándo se salvó de quedar cuadraplégico de por vida. ¿Y yo? Yo, yo no tenía huevos en esos días, pero sus palabras fueron una bofetada; o que me escupieran y quemara.
Desde luego, elegí lo que elegí porque quise y lo amo, pero estaba anestesiado en mi propia idiocia. Fue como el primer respiro –doloroso- después del coma.

Hoy es distinto, y mejor, mucho mejor.

miércoles, 20 de agosto de 2014

¡Alza las manos! ¡Alza las manos!

Regresaba del trabajo, caminaba en la tórrida tarde hacia la parada de autobús. En el mismo paradero se encontraba una chica -ginger teñida, por cierto- que ya había visto a lo lejos. De cerca se veía aún mejor.Usaba mallones para hacer ejercicio, muy ceñidos sobre sus nalgas;calzaba tenis morados como su escotada blusa. 
Finalmente llegó el camión que debía abordar, se detuvo algunos metros antes de la parada debido al tráfico. Caminé, subí, y pagué. Me senté del lado de la ventanilla para admirar a la ginger mencionada y capturar el mejor ángulo. El éxtasis de la belleza duró menos de dos segundos, el recorrido prosiguió y yo seguí sentado del mismo lado de la ventanilla.

En determinado punto del recorrido escuché a una niña pequeña, quizá de no más de ocho o nueve años. Iba atrás de mí, riendo, riendo mucho. Escuchaba su voz casi pegada a mi nuca mientras su mamá hablaba por celular. Después de colgar le preguntó si ya había utilizado sus útiles nuevos.
-No, no, -Respondió la niña impaciente.

El camión llegó a un boulevard que conduce directamente a un puente. Subimos lento hasta lo alto y se veía gran parte de la ciudad en el atardecer. La niña comenzó a gritar "¡Alza las manos mamá, alza las manos!", como si fuéramos a descender vertiginosamente por un montaña rusa hasta profundidades insondables. La niña pequeña rió aún más, su mamá también, y aunque yo no la podía ver, la imaginaba sentada al borde del asiento, risueña, transparente, explotando con una sonrisota; alzando las manos esperando a que todos descendiéramos en ese autobús con gran vértigo.




Depuré esta escritura con la coincidencia de una cerveza con clamato, home made. Las gingers captan inmediatamente mi atención; me encanta oír reír a los niños  

martes, 19 de agosto de 2014

El Carmen

Ayer llovía en El Carmen, y más que nunca tuve presente que ya acepto mejor las tardes lluviosas. Aún más, me abrazo a ellas.

martes, 12 de agosto de 2014

Atestiguándome

Ya había terminado de correr, e iba por la tercera repetición de "cristos" en el desvencijado pasamanos de la unidad habitacional.
Una niña, que ya había visto a lo lejos, se me acercó. "Tal vez esté loca", pensé para mis adentros. Era morena, menos de 1.30 de estatura, tenía la mirada divagante y hablaba sola. Venía con dos perros.
-¿Haces ejercicios así? -Me dijo moviendo un brazo.
-Sí -Le dije.
¿Y para que haces ejercicio?
-Para estar saludable.
Continué con otra repetición, cuando terminé me dijo:
-¿Ese perro es tuyo? -Me dijo señalando al mayor de los dos perros que la seguían.
-No, no es mío.
-Tiene algo en la pierna -Dijo señalandolo.
Yo ya sólo me encontraba estirando.
-Oye te invito a mi cumpleaños, es por allá, a ver si vas.
-Sí, gracias -Le respondí.
La niña se fue, como también yo me retiré. Cuando voltee estaba encima de una patineta, sosteniendo un equilibrio inmejorable. Y ahora veo porque Yisus estaba mamado, todo es gracias a los "cristos". Le hacen honor al nombre.


lunes, 11 de agosto de 2014

Cotidianidad, nota en el transporte público.

Muchas veces me había propuesto comenzar una serie de entradas para escribir sobre lo cotidiano, para diseccionar el "día a dia"
Haré el mejor esfuerzo para que esto resulte si no fructífero, sí constante, pues son algunas notas mentales sobre las que me parece vale la pena escribir, ya que en su momento capturaron mis sentidos, deduje algo o me hizo intuir algúna concepción.

Pues bien,
había salido de mi casa en la tarde, ya lloviendo. Tomé el transporte público y el agucero arreció. Se oía la música de banda del chofer, un par de pláticas y los demás que íbamos sólos como maldiciendo el clima. Y de todos los pasajeros que íbamos, una chica linda atrajo mi atención. Llevaba un sobrero y botas, más o menos morena, y sentada casi en frente de mi. A diferencia de los demás, ella no iba revisando su teléfono celular, iba cantando. Sí, iba cantando, obvio no en una forma en la que todos se dieran cuenta, si no más bien, cantaba para sí, para su mente, para su alma, movía los labios y ladeaba ligeramente la cabeza. Me pareció hermoso.
¿Que iba escuchando? No lo sé, pero me pareció formidable reservar un espacio en la mente y en los oídos para encontrarse y perderse en sí misma. 
Esto no es publicidad de la manzana, pero llevaba un iPod, ¿que escuchaba?, no creo que sea importante, pero me pareció que con el iPod, independietemente del celular, creaba una esfera únicamente para el sentido del oído, para la gloria de la música, algo como una alcázar donde dividir las constantes demandas del guasap, las actualizaciones del feis, o los tuiteos. 
Por algo de lo anterior es que se me ha metido a la cabeza la idea de poseer ipod, y, que cuando menciono lo anterior, la gente estupefacta me dice: "pero si te compras un iPhone podrías tener la música y telefono todo en uno" Y así, supongo que lo que me tratan de decir es sobre las bondades del iphone. Pero no, yo quiero esa línea divisoria entre algo valioso como la música (y yo), y todo ese entramado de información en las redes.
Como quiera que sea, son apenas algunas concepciones que ya había intuido previamente en mi corteza cerebral. Supongo que la visión de la chica linda disfrutando su música lo detonó. 

Bajé en el Carmen, aún llovía mucho; entré a una sucursal de una cadena comercial de café a leer en lo que amainaba.
Llegué hasta la página 480.