Living all the time in the same place and staying with the same people could be, in general terms, explored in working or studying purposes. I will depict the pro's and con's in a general way. First of all, living in the same place could have more advantages related to comfort. If someone choses this living option could be close to his/her family, job, and knowing already all the places in the same city. In my opinion, going further or changing residence could have some advantages. For example, one will discover new places, meet new people and will live in personal ways of space and requirements. Similarly, loneliness could help to grow some maturity in certain daily issues as cooking, cleaning, and tacking care of one's self. However, living/working in another place implies certain things that could be harder in the beginning, just like to learn more efficiently how to manage money or getting lost in new addresses. Likewise, we must take into account to pay services and all the stuff required for daily living. In addition, what could happen if you get sick, like for example, of a cold? None of your family will take care of you. Maybe it isn't worthy this kind of life at all. Nevertheless, I argue that to leave the town/city where we were born, could conduce us to reach things that the other option almost impossibly wouldn't do it. In other words, I am refering that leaving comfort places (setting aside daily issues) could lead us to grow in other and even better levels of mindfulness or consciousness. That is to say, knowing better about our spectations, dreams or plans. And yes, maybe with the time get ourselves firmly rooted "there" in that "new" place. Afterwards, this matter could have many options and opinions to be regarded. But, finally, as each one who decides his/her life's own is developed and carried out.
sábado, 18 de octubre de 2014
lunes, 1 de septiembre de 2014
CAPÍTULO VEINTE DE "EL CLUB DE LA LUCHA" de Chuck Palahniuk
Estaba leyendo el capítulo veinte de la novela "El club de la lucha", y en el curso de la narrativa de Palahniuk, ya no leía, me leía.
"…Tenía
veintiuno o veintidós años. Realizaba prácticas en un hospital privado. Yo bostezaba,
era sábado por la mañana y el paciente con el que trabajaba –un junior, lesionado
medular- me dijo: “Tú no haces lo que te gusta, tú estás aquí porque tus papás ya no te quieren en tu casa”. Que hijo de toda su puta madre, no tenía
humildad, ni aún cuándo se salvó de quedar cuadraplégico de por vida. ¿Y yo? Yo,
yo no tenía huevos en esos días, pero sus palabras fueron una bofetada; o que
me escupieran y quemara.
Desde
luego, elegí lo que elegí porque quise y lo amo, pero estaba anestesiado en mi
propia idiocia. Fue como el primer respiro –doloroso- después del coma.
Hoy es distinto, y mejor, mucho mejor.
Hoy es distinto, y mejor, mucho mejor.
miércoles, 20 de agosto de 2014
¡Alza las manos! ¡Alza las manos!
Regresaba del trabajo, caminaba en la tórrida tarde hacia la parada de autobús. En el mismo paradero se encontraba una chica -ginger teñida, por cierto- que ya había visto a lo lejos. De cerca se veía aún mejor.Usaba mallones para hacer ejercicio, muy ceñidos sobre sus nalgas;calzaba tenis morados como su escotada blusa.
Finalmente llegó el camión que debía abordar, se detuvo algunos metros antes de la parada debido al tráfico. Caminé, subí, y pagué. Me senté del lado de la ventanilla para admirar a la ginger mencionada y capturar el mejor ángulo. El éxtasis de la belleza duró menos de dos segundos, el recorrido prosiguió y yo seguí sentado del mismo lado de la ventanilla.
En determinado punto del recorrido escuché a una niña pequeña, quizá de no más de ocho o nueve años. Iba atrás de mí, riendo, riendo mucho. Escuchaba su voz casi pegada a mi nuca mientras su mamá hablaba por celular. Después de colgar le preguntó si ya había utilizado sus útiles nuevos.
-No, no, -Respondió la niña impaciente.
El camión llegó a un boulevard que conduce directamente a un puente. Subimos lento hasta lo alto y se veía gran parte de la ciudad en el atardecer. La niña comenzó a gritar "¡Alza las manos mamá, alza las manos!", como si fuéramos a descender vertiginosamente por un montaña rusa hasta profundidades insondables. La niña pequeña rió aún más, su mamá también, y aunque yo no la podía ver, la imaginaba sentada al borde del asiento, risueña, transparente, explotando con una sonrisota; alzando las manos esperando a que todos descendiéramos en ese autobús con gran vértigo.
Depuré esta escritura con la coincidencia de una cerveza con clamato, home made. Las gingers captan inmediatamente mi atención; me encanta oír reír a los niños
martes, 19 de agosto de 2014
El Carmen
Ayer llovía en El Carmen, y más que nunca tuve presente que ya acepto mejor las tardes lluviosas. Aún más, me abrazo a ellas.
jueves, 14 de agosto de 2014
BAJO LA MISMA ESTRELLA, John Green
"Esta vida me gusta demasiado, Hazel Grace"
A Jennifer, siempre.
Calificar
como “conmovedora”, “tierna”, o “genial” a “Bajo la misma estrella” es
alejarnos del real valor de este libro que merece adjetivos y líneas más
precisos que describan sus mejores cualidades.
Escrito
por John Green y narrado en primera persona por su protagonista, Hazel Grace nos introducirá en su floreciente
vida a los dieciséis años, sobrellevando un diagnóstico de cáncer con los
relieves que esto implica. Ella, junto con Augustus Waters, -y también con el
mismo diagnostico- emprenderá un viaje a Holanda en búsqueda de su escritor
predilecto para aclarar algunas situaciones sobre su único libro. Antes y
después de dicho viaje se engranarán una serie de eventos que enriquecerán la
historia con diversos matices, manteniendo así una trama muy dinámica en la que
el lector jamás deja de sentirse partícipe.
No
son más de trescientas páginas, un libro muy rico y variado. Muy asequible, se
puede ingerir en menos de una semana.
Deponiendo
el hecho del que este libro se hizo más “conocido” por la película –que aún no
he visto- en suma y afortunadamente, me pareció un trabajo muy bien logrado que
superó mis expectativas y posee numerosos méritos propios. Me parece que J.
Green logró una gran historia en base a que conocía muy bien a todos sus
personajes y en el manejo coherente de las situaciones que propone.
…Hazel,
la adorable Hazel Graze; leerla es un placer, conocerla, reconocerla en la
historia es sumamente nítido. Su personalidad está bien delimitada y se hace
reconocible desde las primeras páginas. Posee una naturaleza que parte de lo
simple para generar entramados. ¿Qué virtudes?, jamás cae en la autocompasión,
muestra una hilaridad genuina y despliega una sensibilidad que no roza con lo
común. Me encantó.
A
pesar de que este libro quizá esté inclinado ligeramente para un adolescente,
la temática no cae en lo gastado de la comedia romántica o la ya de por sí
complicada empresa de abordar aspectos como la vida o la muerte. El aspecto a resaltar es que es una lectura
bastante accesible, son numerosas las notas que uno puede hacer al margen –si
lo desea- y que tienen una aplicación asombrosa en la cotidianidad.
-Cuéntame tu historia –me pidió
mientras se sentaba a mi lado, a una distancia prudente.
-Ya te he contado mi historia. Me
diagnosticaron cáncer cuando…
-No, no la historia de tu cáncer.
Tu historia. Lo que te interesa, tus aficiones, tus pasiones, tus manías, etc.
-Pues…
-No me digas que eres una de esas
personas que se convierten en su enfermedad. Conozco a muchos. Es
descorazonador. El cáncer es un negocio en expansión, ¿no? El negocio de absorber
a la gente. Pero seguro que no les has permitido que lo consigan antes de
tiempo (…)
Cómo
argumentaba anteriormente, la historia no cae en lugares comunes y su desarrollo
es inteligente. En el párrafo anterior se atestigua la frescura del libro, que
por la historia planteada, uno podría pensar en una trama desgarradora, triste,
o que llamara a la compasión y tragedia. Pero no, no es así, John Green logra
un enfoque distinto en su narración en base al sentido del humor e inmejorable
personificación de sus caracteres. Esa frase “No me digas que eres de las
personas que se convierten en su enfermedad” me pareció remarcable. ¿Cuántas
personas no se convierten en sus enfermedades, y que ni siquiera tienen la
magnitud de tener cáncer? ¿Cuántas, que son puras quejas, achaques, alegatos,
etc? Sí, de ese tipo de gente que publica sus conflictos en Facebook, que se
quejan porque es lunes, porque no les gusta su trabajo, and so on. No nos interesa.
Compartiendo
más sobre lo que este libro me dejó fue que pude comprender acaso un poco mejor
a aquellas personas que han padecido o padece esta enfermedad. Es un amplio
espectro de situaciones que van desde lo orgánico hasta otras esferas
impensables, pero bueno, esto fue el crecimiento personal que el libro me
dejó, y que sin duda será distinto para cada lector, si así lo quiere.
En
suma, fue una lectura agradable y por momentos rozó en lo bello. Forma
contrastes y relieves atractivos, exponiendo contrariedades y momentos radiantes
como en la vida real. Quizá algo que
le resta un poco de mérito es que el capítulo 9 está de más, y para cerciorarme lo
releí hasta tres veces, como me parece que también sucede con el 14 y 15; no
recuerdo bien. Posiblemente la depleción de esas partes nos hubiera dado una
lectura más ágil todavía, y que aun así, no sería necesario.
martes, 12 de agosto de 2014
Atestiguándome
Ya había terminado de correr, e iba por la tercera repetición de "cristos" en el desvencijado pasamanos de la unidad habitacional.
Una niña, que ya había visto a lo lejos, se me acercó. "Tal vez esté loca", pensé para mis adentros. Era morena, menos de 1.30 de estatura, tenía la mirada divagante y hablaba sola. Venía con dos perros.
-¿Haces ejercicios así? -Me dijo moviendo un brazo.
-Sí -Le dije.
¿Y para que haces ejercicio?
-Para estar saludable.
Continué con otra repetición, cuando terminé me dijo:
-¿Ese perro es tuyo? -Me dijo señalando al mayor de los dos perros que la seguían.
-No, no es mío.
-Tiene algo en la pierna -Dijo señalandolo.
Yo ya sólo me encontraba estirando.
-Oye te invito a mi cumpleaños, es por allá, a ver si vas.
-Sí, gracias -Le respondí.
La niña se fue, como también yo me retiré. Cuando voltee estaba encima de una patineta, sosteniendo un equilibrio inmejorable. Y ahora veo porque Yisus estaba mamado, todo es gracias a los "cristos". Le hacen honor al nombre.
lunes, 11 de agosto de 2014
Cotidianidad, nota en el transporte público.
Muchas veces me había propuesto comenzar una serie de entradas para escribir sobre lo cotidiano, para diseccionar el "día a dia"
Haré el mejor esfuerzo para que esto resulte si no fructífero, sí constante, pues son algunas notas mentales sobre las que me parece vale la pena escribir, ya que en su momento capturaron mis sentidos, deduje algo o me hizo intuir algúna concepción.
Pues bien,
había salido de mi casa en la tarde, ya lloviendo. Tomé el transporte público y el agucero arreció. Se oía la música de banda del chofer, un par de pláticas y los demás que íbamos sólos como maldiciendo el clima. Y de todos los pasajeros que íbamos, una chica linda atrajo mi atención. Llevaba un sobrero y botas, más o menos morena, y sentada casi en frente de mi. A diferencia de los demás, ella no iba revisando su teléfono celular, iba cantando. Sí, iba cantando, obvio no en una forma en la que todos se dieran cuenta, si no más bien, cantaba para sí, para su mente, para su alma, movía los labios y ladeaba ligeramente la cabeza. Me pareció hermoso.
¿Que iba escuchando? No lo sé, pero me pareció formidable reservar un espacio en la mente y en los oídos para encontrarse y perderse en sí misma.
Esto no es publicidad de la manzana, pero llevaba un iPod, ¿que escuchaba?, no creo que sea importante, pero me pareció que con el iPod, independietemente del celular, creaba una esfera únicamente para el sentido del oído, para la gloria de la música, algo como una alcázar donde dividir las constantes demandas del guasap, las actualizaciones del feis, o los tuiteos.
Por algo de lo anterior es que se me ha metido a la cabeza la idea de poseer ipod, y, que cuando menciono lo anterior, la gente estupefacta me dice: "pero si te compras un iPhone podrías tener la música y telefono todo en uno" Y así, supongo que lo que me tratan de decir es sobre las bondades del iphone. Pero no, yo quiero esa línea divisoria entre algo valioso como la música (y yo), y todo ese entramado de información en las redes.
Como quiera que sea, son apenas algunas concepciones que ya había intuido previamente en mi corteza cerebral. Supongo que la visión de la chica linda disfrutando su música lo detonó.
Bajé en el Carmen, aún llovía mucho; entré a una sucursal de una cadena comercial de café a leer en lo que amainaba.
Llegué hasta la página 480.
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