lunes, 4 de marzo de 2013

TARDE AFORTUNADA




I.
 
Entre vetas de un cielo diáfano, te descrubri una tarde afortunada. Todo habitaba en tí,¿o tú ya habitabas en todo?...
Presentí tu voz enraizar en las grietas de sueños postergados)
 
 
II.
Bate tus alas, sobrevuela esta ciudad. Sí, hay cementerios y ruinas dispersas, pero voy reconstruyendo lo derruido y plantando girasoles entre las lápidas. Que se desnuden tus pies y de tus pasos, mis contornos adquieran tus estelas.
 
 
III.
Cada tarde me concede regresar de varias muertes. Con mis manos aún leprosas me guío del hilo de tu alama en laberintos de introspección y memoria.
Aún debo sanar un síndrome silente y erradicar la metástasis del miedo; pero cuando arrellano mi respiración -que agitas, que calmas, que colmas-,en el vértice más tibio de tu pecho, sé que todavía me da la piel para hacerte un espacio dentro de mí.


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