miércoles, 31 de diciembre de 2008

SIN TITULO

"Amar...
...es una duda de querer saber todo lo tuyo;
y un temor de al fin saberlo"
-Xavier Villaurrutia
Ahora que es 2009 y empezé bien el año (a las 1:53am) escuchando la rola "If I fell in love" (beatles) me dieron de desgarrarme en una catarsis así bien cabrona...
Me emputa quererte tanto, me emputa que piense mucho en tí, me emputa no saber si piensas en mi, y que yo trate de ignorar que pienso en ti. Me emputa que no me busques, y que cuando lo hagas, algo dentro de mi se acelere. Me emputa que cuando llaman a mi casa piense que eres tu, o que cuando llamas, ya me había hecho a la idea de que nunca llamarías. Me emputa pensar que ya había conseguido mi homeostasis a nivel emocional, que tu has llegado a romperlo y que ahora no hay ningun sistema que me ayude a recuperarlo. Me emputa acordarme de tu voz, de ti...que vivimos en la misma ciudad y no te veo. Me emputa no tenerte teniéndote junta a mí.
Me emputa emputarme que te quiero, por que en realidad no me emputa, sino que me agrada quererte y espero que te puedas dejar querer...

2009

Yeah, uno de mis propositos del 2009 era ver si alguien se conectaba en la vispera (vispera?) de año nuevo, o sea, 31 de diciembre del 2008; para mi sorpresa!!!!!!!!!!!!!....si!!!!! (y entre ellos yo). Aparte de que ya cumpli este proposito; me pregunto <
Bueno la cifra de los que estaban en el msn eran de 2...aunque bueno, yo creo que no cuentan mucho por que esos dos contactos no se quienes son y siempre que me conecto y desconecto ahi estan: inmutables, suspendidos en este orbe indefinido de la cosa virtual quien sabe si ajenos a la razon y lucidez cotidiana (chale, carajo, soné como H.P. Lovecraft)
Asi...bueno, supondo que no es tan malo encontrar a esos dos conectados......SI NO HUBIERA NADIE (los dioses nos tengan en su seno) si me habría dado un tiro; no sé, sería algo así como el apocalipsis 16, 16 segun San Juan, el día del juicio final (curioso, en un inicio de año) y el armageddon. Espero encarecidamente que esto no ocurra en los días que me dieron de plazo para vivir; por que la verdad espero vel al Puebla campeón de nuestro glorioso torneo, tmb, ver a la Super Naranja Mecanica campeona del mundo, que algún día Alkaline Trio venga a puebla, mmmmhhhhhh, ser alguien de bien moralmente auto-satisfecho en la sociedad y espero un mejor futuro para mis hijos y las generaciones que vienen (no! eso no! diablos, eso solo lo dicen en los comerciales de nuestro gobierno nacional) ah! y bueno, ya que se presentó la ocasión: estar bien pasado de mariguana (u otra droga) escuchando un lista de canciones tmb bien pasadas: "a day in the life, strawberry fields, im the walrus, penny lane, lucye in the sky (beatles), smoke on the water (deep purple) since ive been loving you y stairway to heaven (led zeppelin) sadie, radio (alkaline trio) y me gustaria otras más que aún no decido.
Como sea, feliz año para los lectores de ESTATUARIO SOLEADO, me complace mucho en verdad compartir lo que hago (que bueno, en verdad, los unicos que me leen son aura, daniel y creo k alex [alex, sigués vivo?]) y tambien para aquello que en el msn me preguntan: oye que es eso de
http://estatuariosoleado.blogspot.com/ y también para aquellos que no estén leyendo esto (por otra parte, jamás se enterarán de mis buenos deseos) y para todos aquellos contactos en msn que no se quienes son y me mandan correos deseando un prospero año y asi.....gracias a todos

viernes, 26 de diciembre de 2008

364 [fragmento]

Hola amiguitos, si están aquí,.....bueno, si están leyendo esto es por que están aquí. Anyway....decia, aqui presento un fragmento de un cuento, es probable que lo utilize para el 2009 en algúna competencia de cuento (no me gusta la palabra concurso, por otra parte, hay gente que detesta la palabra certamen), aunque por el momento no se bien, quizá despues se me ocurra otra cosa, por otra parte...se os puede enviar un ejemplar gratis de la primera version completa a vuestras cuentas de correo, o bien, si lo prefiere, enviarlo a su casa; solo antes diganme su dirección, se los puedo enviar por correo tradicional o yo mismo. Usted dígame y atenderé vuestro pedido con mucho gusto. Da igual....enjoy it.


...-¿Se dirige a las tiendas, señorita Sadie? –Le preguntó un señor.
-Así es señor, no he comprado nada y apenas empezaré, supongo que me alcanzará el tiempo –Contestó ella.
-Yo pienso que si, señorita. ¿Con quienes pasará esta noche?
-Vendrá mi familia y mis amigos a casa, ¿no gusta?
-Oh, como lamento rechazar la invitación. Y más viniendo de usted que es tan guapa, es un honor; pero no podré porque a mi casa también vendrán mi familia y amigos. ¿Sabe?, haré muchas compras, daré muchos regalos, todos ellos muy costosos. Compraré demasiadas cosas y algunos licores exquisitos de los que no me permitiría el lujo en otra fecha; sería un placer compartir con usted en otra ocasión si me lo permite.
-Sí, me gustaría mucho. Entonces ya es un hecho –Dijo Sadie levantándose de su asiento por que se aproximaba el lugar para bajar.
-Bueno, hemos quedado –Dijo el señor que también se levantaba.
Ambos bajaron en el mismo lugar, el señor ofreció su mano para que Sadie descendiera.
-Gracias, le deseo que pase una buena noche –Dijo Sadie.
-Igualmente querida Sadie, también que pase una buena noche y ya estamos de acuerdo.
Se despidieron ambos con un abrazo.Sadie caminó y estuvo hasta tarde en todas las tiendas comprando, todas estaban llenas y en algunas tardó mucho aunque solo comprara poco. La gente iba y venía, venía e iba. Las avenidas estaban atascadas, a ambos lados de las calles se disponían puestos vendiendo toda clase de cosas: naranjas, cañas, tamarindos, licores, cigarros, comida grasienta, papel mache, papel crepe, papel china, papel celofán, papel para cartas, para escribir y para desperdiciar. También se vendían canapés, puros, ajenjo, cosas que no podemos decir aquí, computadoras, estéreos, cafeteras; café para las cafeteras. Perritos, mininos, (alguien por ahí se jactaba de ofrecer por un módico precio al autentico Minino de Cheshire). Gaseosas, sodas, refrescos y pop y como quiera que se le conozca a esta bebida. Té de hierbabuena, té verde, té de tila y té negro. Se vendían también pavos, faisanes, codornices, avestruces, changos, leones y koalas. Juegos de té, botiquines, cajas de herramientas para dentistas, plomeros y herreros. Ventrílocuos y cajas para ventrílocuos. Felicidad en botellitas, amargura al mayoreo, paz, serenidad y esperanza traídas desde exóticas tierras anteriores al primer pecado, odio envuelto y cocinado en hojas maíz, ilusión en cajas de espejo que la multiplicaban infinitamente. Miles de variedades de cerveza, whisky, runas, piedras pulidas por ríos ya secos (estas eran muy caras). Galletitas de jengibre con forma de humano cuyos ojos eran chispas de chocolate, con chaleco de glas sabor piña, los botones del chaleco eran tres gomitas sabor fresa, sandía y kiwi; cuya sonrisa era de jalea de higo, (aunque también las había en versión de tristeza). Sadie compró un poco de todo esto y algunas cosas más que es inútil mencionar. Regresó a su casa cuando el atardecer agonizaba en el horizonte desplegando pinceladas naranjas y violetas. Tres estrellas solitarias se asomaban primeras en el celaje y parecían querer decirle algo, como si solo ella pudiera entender su mensaje...

domingo, 21 de diciembre de 2008

POEMA PARA UN MININO

En memoria de la maldita que me traía bien pendejo por aquellos ayeres, jajajaj no te enojes; y tampoco creas que estoy ardido. Gracias por el sufrimiento, guapa, hermosa, reina.

y bueno, no piensen que ello se quedo simplemente en un simple poema (aparentemente) de ardido, no , no es así.
También, por aquellos ayeres, aparte de sufrir jajaj andaba leyendo al Charles Baudelaire -Las Flores del Mal / Les Fleurs du Mal....como sea; el caso es que es; espléndida la obra.
Nada de poemas bonitos y frases como "tus ojos son como estrellas" y así; NO!.. puro tedio, puro insomnio, cuadros donde figuran putas, gusanos, sangre, ....hedonismo, ajenjo, todo un arco de imagenes maravillosamente tensado al limite!!!!!!!! que nos ofrece esas flores enfermizas y que ha 208 años de su publicacion yo leí y como tantas generaciones lo hizieron y lo harán: quedé cautivado!!!!!!!!!!! Magnifique!!!! C'est beau!!!!!
Tanta fue mi impresion que yo también decidí escribir algo con ese estilo, espero el sr Baudelaire no se haya malestado; y, de lo contrario. una disculpa.

AH Y ANTES QUE OTRA COSA QUIERO ADVERTIR A LA GENTE DE BIEN, A LA GENTE COOKIE, A LAS BUENAS CONCIENCIAS QUE ES POSIBLE QUE ESTE POEMA TENGA ALGUNAS IDEAS Y/O CONTENIDO QUE PUEDA FALTAR EL RESPETO A LA MORAL. SE RECOMIENDA DISCRECIÓN, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NO INTENTE ESTO EN CASA!!!!!!!!!!!!! SI HAY NIÑOS MENORES ALEJELOS, Y SI ESTO LE ORIGINA MOLESTIAS DE CUALQUIER INDOLE CUENTESELO A QUIEN MAS CONFIANZA LE TENGA Y/O VAYA CON EL PSICOLOGO DE SU CONFIANZA O HAGA LO QUE LE PEGUE SU PUTA GANA.....es posible que me tilden de pagano, anti catolico, blasfemo y quizá que el 9no circulo de dante no sea suficiente para mí.

como aparece en algunos discos: PARENTAL ADVISORY; EXPLICIT CONTENT.


Como Baudelaire expondría,
es blasfemia o contradicción:
solo beldad en tu anatomía;
y este mundo de perdición.

Es no tenerte querida
dolor hediondo y malsano,
desearte, desearte a mi asida,
en lo que resta de los tristes años.

Entre otras excrecencias
el destino sin ti es abismo,
averno, agonía e ironía
no tener siquiera tu atisbo.

Tuyo que a la vida me regrese
un beso a Eros ruego
aunque sea en mi lecho de muerte
tenga como piltrafa de consuelo.

Lozana, sedeña; ¡tormento!,
impía hermosa criatura
¡¿Qué he hecho
al merecer de tu presencia la tortura?!,

quiero el descanso
en los remansos de tu cuerpo,
no la ceniza y el fango
que recibo de tu silencio.


Valquiria, llévame al estado
donde los héroes fenecen
en honor las guerras agraciados;
quiero seas tú, el paraíso que espere.

¿Qué veneno?, ¿Qué ciencia?, ¡maldita!,
has creado con tal destreza,
dulce ponzoñosa alquimia
de embriagar mi cabeza

con la efigie de tu materia,
cintura deliciosa, pechos misteriosos,
que invita bruna cabellera
a pensar en lo sutil, en lo gozoso…

Posees dualidad
de virgen y demonio, en ti
hay del deseo la fatalidad
como el Edén sin fin.

Sirena graciosa
deseo indagar tus playas,
como tú, fértiles, veleidosas;
naufragar en tus aguas

y descubrir tantos templos
ocultos en tus geografías,
sagrados, puros en extremo,
rendirte culto, bendita

deja tus lunares contar,
pléyades, novas, astros,
hay en tu ser; y es portal
del universo tus otros labios.

Desgraciada, quiero dormir las noches
sin el sopor de tu recuerdo,
permíteme del sueño el goce;
sepultarte unas horas en el relego.

Cuan lejano está el día
en que toda tu cedas.
Finalice esta desdicha,
entre mis brazos te vieras

tú, única, verdadera
sílfide rebelde, dime
¿qué es esta quimera
que tu amor me exime?.

¿Qué precio exiges
para que ames de la manera
que tu de mí recibes?
Pide, así la muerte fuera;

te aseguro nuestra historia
será canto y épica
transgrediremos las memorias
con cada acto de esta tragedia.

Será nuestro fallido romance,
tema de numerosos dramas,
a otras historias notables
igualarán mis llagas:

“Las 3:00 pm en Gólgota,
desde Ítaca Penélope esperando,
cartas de Tristán a Isolda,
en Beatriz el paraíso lejano.”

Cualquier sacrificio
realizar por ti acepto,
la muerte de cruz pido;
¡incluso en la cruz de tu cuerpo!.




LA TRANSFORMACION

....chale. No se que hize que no lo pude poner en el otro....
Cierto día, en el que no tenia nada que hacer, (raro) estaba con un amigo; entonces el me dijo: ¿que harías si un día que me fueras a buscar ves que me he convertido en un chango?
he aquí la elucubracion

A decir verdad, no pretendo que quien tenga estos documentos entre sus manos tenga que creerlos en su totalidad. Solo es una vaga descripción de los hechos que sucedieron hace algún tiempo al distinguido científico G; inseparable amigo mío, compañero de innumerables momentos en distintas etapas de mi vida. Usted es libre de creer lo que le parezca mejor, lo que sea; que soy un lunático, o, de otro modo; que se encuentra ante un caso científico que necesita más explicaciones.
Conocí a G. por que vivía cerca de mi casa (y de alguna forma, aún lo hace); nuestras infancias las vivimos en compañía mutua, cada etapa de la vida de cualquier hombre; los años de escuela e instrucción, eventos sociales, tantos y tantos momentos.
G. realizó sus estudios profesionales en ciencias biomédicas y en no recuerdo que otras ramas de las ciencias naturales. Recibió numerosos reconocimientos por varias investigaciones y adelantos que realizó, viajaba mucho; no había rincón de este mundo que no conociera. Su residencia estaba llena de instrumentos y toda clase de artilugios que él utilizaba para sus trabajos, así como también animales para experimentación. Las veces en que yo le visitaba admiraba con curiosidad cada cosa de la que él disponía, y siempre, al pedirle alguna explicación; contestábame con un sin número de tecnicismos científico que apenas si podía comprender.
En algún día de esos tiempos tuvimos la oportunidad de salir, fuimos a un bar o algo parecido. Fue ahí, con precisión, cuando empecé a notar los cambios más inverosímiles en él. Estábamos charlando, nada importante.
-Entonces, ¿sigues investigando esas cosas de las que me contaste el otro día? –Le pregunté.
-Si, es un problema, parece que en dos meses tendremos que viajar a una selva de Ásia para conseguir ciertas muestras y cosas de ese estilo –Me dijo.
-Ya veo –Contesté mientras llamaba al mesero.
-¿Y dime? ¿Cómo van tus libros? ¿Ya vas a publicar algo? –Me preguntó.
-No todavía no, por ahora solo estoy dando clases. Es una lata, las nuevas generaciones se molestan cada vez menos por aprender; y los editores solo buscan historias que les hagan vender muchos millones, pero en fin, ¿Qué le puedo hacer? –Dije.
-Entiendo, los dos estamos igual de fastidiados; parece que no progresamos, ja, en fin. Salud! –Me dijo él alzando su tarro y dando un gran trago al tiempo que hacía señas para llamar otra vez al mesero.

No recuerdo de que otras cosas estuvimos platicando, pero algo que me sorprendió fue que el mesero que llamó, había regresado con una manzana, mostrándosela a G. sin mucho convencimiento. El ruido del momento hizo que no escuchara bien lo que el mesero le decía, algo de que manzanas era la única fruta que tenían en la cocina; que no habían plátanos. G. hizo una mueca de resignación y se quedó con esa fruta.
El mesero estaba tan sorprendido como yo, ¿a que persona, en su sano juicio, se le ocurría pedir fruta, si, se supone, estábamos en un bar?. El mesero le preguntó si no se le ofrecía otra cosa, G. pidió otra ronda de cervezas para ambos. Esto, en sustancia, es el génesis de todo.

Proseguí mi vida con relativa normalidad, daba clases, iba de editorial en editorial y llegaba tarde a mi casa. Llegué a coincidir con G. numerosas veces y como era nuestra costumbre, platicábamos en la casa de alguno de los dos hasta entrada la madrugada. En cierta ocasión de aquellas, a partir de que sucediera lo de la fruta en el bar, estuvimos en su casa. Ya sabía que el tenía muchos animales para experimentación y equipo de toda clase para sus trabajos; lo sé, su residencia se podía parecer más a un laboratorio que a un hogar común y corriente. Sus criados se dedicaban más a mantener en buen estado todo su material de trabajo que a la casa en sí. Esa vez noté que tenía almacenadas grandes cantidades de fruta, de toda la que uno se pudiera imaginar; manzanas, sandías, uvas, frutos de la temporada, cítricos etc, pero especialmente plátanos. Le pregunté si ahora estaba enrolado en algún proyecto concerniente a frutas o que era lo que estaba haciendo. Esperaba una respuesta abundante en tecnicismos.

-Oh no, solo es que… bueno, como tú sabes, lo natural siempre es mejor que todas esas basuras que venden como “supuesta” comida –Dijo.
Me quedé estupefacto, lo que menos le importaba a él era su salud; y mucho menos, la nutrición. Todo el tiempo lo dedicaba a sus proyectos e investigaciones científicas, a no ser que no fuera nada que tuviera que ver con algún desarrollo en la ingeniería alimenticia, eso era lo que menos le importaba.

-Ah, ya veo, ¿pero que toda esa fruta no se pudre?, es mucha para que la comas tú solo –Le dije.
-Bueno, en realidad no es mucha. También la utilizo para alimentar a los ratones, los conejos y las ratas; lástima que a los perros no les agrade mucho. Aparte, también es para los criados, doña Jovita hace muy buenos jugos de naranja. Don Ramiro ha tenido menos calambres desde que come más plátanos.
-Bueno, al menos es un buen cambio. Creí que nunca entrarías en razón –Dije.
-Pues ya ves que sí, tú también deberías hacerlo, apuesto a que sigues desvelándote leyendo a esos poetas y escritores locos; y de paso sea dicho, escribiendo otra cosa nueva auque digas que no es así.
Lo dicho, dicho está. G. me conocía demasiado bien como para no desconocer mis hábitos; pero en contraparte, yo también lo conocía como para andar creyéndome eso de que ya quería ser saludable teniendo todas esas ingentes cantidades de fruta en su casa. Sabía, en parte, que algo no andaba en total normalidad; al momento no me sugestioné, pero hasta tiempo después no pensé en alguna consecuencia catastrófica.
Aunque no se quiera, la vida siempre se vuelva rutinaria. Y de entre toda mi rutina algunos días se hacían impares. Llegué cierta vez temprano de mi trabajo, pensaba aquella mañana en descansar y después depurar algunas cosas que tenía atrasadas. Al momento de mi arribo, un hombre, conductor de un camión de entregas me preguntó por una dirección; ¡como no iba a conocerla si era la casa de mi amigo G.!, la cosa no acaparó demasiado mi atención, ya sabía que G. acostumbraba a hacer pedidos de equipo científico y esas cosas; es más, para ser honesto, sino eran esa clase de visitas de entrega de bienes, yo era de las pocas personas a las que él recibía. La cosa me pareció un poco extraña cuando de ese camión varios hombres bajaban una jaula con lo que parecía un primate de mediano tamaño. “¿Ahora que estará pasando por su cabeza?”, me pregunté; el solía comprar ratones, ratas, conejos y hasta perros; pero, un chango me parecía exagerado. “Cosas de científicos locos”. Me respondí. No le di demasiada importancia a la situación y decidí dedicarme mejor a mis asuntos antes de andar haciendo conjeturas. La noche de aquel día terminé algo tarde mis deberes, tanto trabajar me había dejado hambriento y cuando pretendía preparar mi cena me percaté de que no había hecho las compras; me vi en la necesidad de salir a la calle para hacerme de algunas cosas indispensables.
Grande fue mi sorpresa al encontrarme en la tienda a doña Jovita y don Ramiro, servidumbre de la residencia de G.
-¡Joven! ¡Bendita sea la santa providencia por habérnoslo encontrado! ¡Como ha pasado el tiempo! –Dijo doña Jovita quitándose la manta de la cabeza con que se cubría al tiempo que juntaba las manos agradeciendo.
-¡Ah! ¡Buenas noches!... si, ya hacía mucho tiempo –Dije.
-¡Don Ramiro, miré quien está aquí! ¡Es el joven amigo del amo! –Exclamaba la anciana empuñando su rosario.
-Joven, gusto en verlo otra vez; pero díganos, ¿que le ha pasado para tener que salir a estas horas? –Dijo el hombre que ya varios años hacía.
-Oh, no es nada. Solo no hice las compras a tiempo, y pues aquí me ve –Contesté.
-¿En serio joven? ¿Hay algo en lo que le podamos ayudar? El amo se sentiría muy complacido –Dijo doña Jovita.
-En serio no, solo un descuido; pero, mejor díganme ustedes, ¿por que están afuera a estas horas?, ¿ahora que les pidió el loco de G.? Pregunté con un dejo de felicidad; pero ellos no lo tomaron así. El señor dijo algo para así y bajando la vista. La señora imploró a su rosario.
Al ver su reacción insistí.
-Bueno, ¿es que pasa algo con G.? Ya tiene tiempo que no le veo…
-Pos uno le sabe a esas cosas joven. El amo de un tiempo pa’acá ha estado muy raro…algo le está pasando –Me dijo don Ramiro.
-Si joven, es cierto. El amo G. ha estado muy raro, sabrá la virgencita que le pase. Ya sabe usté como es el amo G. con esas cosas de sus trabajos –Me dijo doña Jovita.
-¿Pero que le pasa en verdad? ¿Está enfrascado otra vez en alguna de sus investigaciones o que? Sean un poco más específicos.
-Ya aquí entre nos, bueno fuera; pero doña Jovita y yo presentimos que es otra cosa; usté entiende, hay veces en que el amo G. se pierde en la chamba pero esta vez es más que eso. Ya se compró un chango bien peludo y así, lo cuida demasiado; le da mucha fruta. Hay veces en que se queda haciendo quien sabe que cosas con esa animal… –Dijo don Ramiro.
-Entiendo, me imagino que está a altas horas de la noche trabajando en su laboratorio; ¿verdad?
-Pos si joven, adivinó. En la madrugada se escuchan ruidos re espantosos de ese pobre animal; ya le dije al amo G. que lo deje en paz por el amor de dios –Dijo doña Jovita.
-G. es muy empecinado con su trabajo. Posiblemente esté enfrascado en otra investigación importante; uno de estos días pasaré a verlo y hablaré con el.
-De verdá que le hace mucha falta al amo. Sabrá el chahuistle en que cosas ande metido –Dijo don Ramiro.
-No se alarmen, no debe ser algo grave, conozco a G. –Les dije con un aire de suficiencia.
-Se lo pedimos de corazón. No nos gusta ver al amo así, él nos ha dado tanto; no es para menos –Me dijo Doña Jovita.
No recuerdo que más dijimos, pero me retiré algo ensimismado pensando en que podría ser lo que tendría G. en la cabeza. Hasta me reía de las explicaciones y esquemas científicos que podría darme, en parte, por la preocupación que tenían sus criados.

Me arrepiento que dejara pasar tanto tiempo, me arrepiento. ¿Por qué no fui al día siguiente? ¿Por qué? No lo sabré nunca…
Fui dos semanas después a ver a G. Me recibió la doña Jovita algo afligida. Dijo que haría lo posible para hacer que el amo se apartara un poco del trabajo. Breves instantes después lo consiguió.
-G.! ¡Nada más mírate!, apártate un poco de todas esas cosas –Le dije cuando me recibió. Nos saludamos afectuosamente como siempre. Suspiró.
-Hombre… estoy en un proyecto, mejor que todos los que he tenido. ¡No sabes la importancia que tiene! –Me dijo sobresaltado.
-Lo sé, pero mírate. Parece que no has salido en años –Le dije. Parecía que tenía más barba y bigote de lo que le había visto y sus ropas estaba manchadas y descoloridas.
-¡Es que no tienes la idea de lo que estoy haciendo! Muy pronto la humanidad descifrará los secretos de la genética, de los mecanismos de la replicación celular!...¡ES MAS!...pronto sabremos los secretos de la evolución de nuestra especie, cosas no imaginadas del hommo sampiens, de nuestro código genético y todas las especies… estamos a un paso de descifrar la prehistoria, la historia y llegar a inferir lo que nos depara el futuro! Todo lo que los grandes pensadores se han preguntado desde Aristóteles pasando por Darwin, Einstein hasta llegar a las futuras generaciones.
G. templaba, sus gestos creaban profundos surcos en su rostro.
-Bueno, si tiene que ser importante. Pero la vida no es todo eso, caray, consíguete una novia, o alguna otra cosa que te aleje de todo eso –Le recomendé, jamás lo oí hablar en un tono y forma como aquella-, ¿de que te sirve todo eso?. Lo estás pagando con tu salud. ¿En que cosa estás metido?
G. estaba sofocado, tomó un respiro. Algo le agobiaba.
-Si todo sale bien, pronto todos viviremos eones y eones. Tú tendrás vida para escribir grades obras y estudiar todas aquellas para las que se necesita tiempo.
-Vamos G. ¿Qué te sucede? Demonios, anda, te invito unos tragos.
G. pensó unos momentos, lo vi tan obsesionado que pensé que se negaría.
-¡Eso me parece bien! ¡A brindar anticipadamente por una nueva era que está a punto de acaecer!
Eso iba más allá de lo que yo pensaba de él. ¿Qué más se puede decir?, salimos, ni siquiera se quiso cambiar esas desparpajadas ropas. En el lugar a donde fuimos la gente nos veía preguntándose de que manicomio nos habíamos escapado.
Trataba de evitar en demasía cualquier tema que tuviera que ver con el trabajo, pero él lo retomaba. Nos fuimos y volví a saber más hasta varios días después.
Un día llegué más tarde a mi casa de lo que lo solía hacer cuando encontré a doña Jovita en la entrada de mi casa. Estaba arropada con una manta que le cubría la cabeza y a los matices nocturnos le confería un aspecto de desconfianza. Tenía que ser algo grave para que estuviera ahí parada esperando por mí.
-Joven, perdón que lo moleste. Yo se que ya es tarde, pero algo le pasa al amo –Dijo.
-Entiendo, no se preocupe; pase por favor.
Adentro, a la luz artificial la señora lucía un aspecto de preocupación. Se notaba que había estado en vela.
-Dígame, con confianza, se trata de G.; ¿verdad?
-Si joven, así es. De hecho don Ramiro me dijo que no viniera; que tal vez el amo estuviera demasiado ocupado, pero la verdad es que no me pareció buena idea. Estoy aquí sin que él lo sepa.
-Ajá, entiendo, pero cuénteme, ¿Qué es lo que le pasa a G.?
-Usté joven sabe como es el amo, pero notamos que lo que le pasa ya es algo que no es natural. No se como explicarle; pero el amo parece como enfermo, todo el día y casi toda la noche se la pasa trabajando. Desde su laboratorio se escuchan ruidos horribles. Su aspecto ha cambiado demasiado, se ha jorobado y hasta parece haberse hecho de menos estatura… -Dijo la señora como buscando una respuesta coherente de mí.
-Entonces está pasando algo raro. Mañana mismo por la mañana iré a hablar con él. Ya verá, tranquilícese –Dije.
-Don Ramiro y yo ya hemos intentado, pero el amo no nos hace caso. Es como si no tuviera conciencia de lo que está haciendo. Duerme muy poco, y cuando voy a hacer el aseo a su habitación me he encontrado muchos pelos negros, como si un animal hubiera dormido ahí. Todo su aspecto ha cambiado.
-Ya. En ese caso iré mañana a verlo. Llegaré en la mañana, ¿no sabe a que hora se despierta para trabajar?
-Como a las ocho he oído que se despierta, pero sale de su habitación hasta las nueve; se queda murmurando no se que tanto.
-Está bien. A esa hora iré. ¿No tiene algo más que decirme?
-No joven, el amo está muy cambiado; por favor haga algo. Y bueno, es todo, que el señor nos ayude. Me voy, perdone la molestia.
-No se apure. La acompaño a la puerta. Mañana nos vemos.

Fui a dejar a doña Jovita. Esa noche traté de descansar, pero fue en vano, tuve recurrentes sueños y pesadillas de lo que le podría estar pasando a G. Desperté casi a la hora justa y sin perder tiempo fui directo a la residencia de G.
Estaba descuidado, el jardín tenía el pasto largo y numerosos arbustos entre los cuales habían varias telarañas. La entrada estaba llena de polvo e insectos. Ninguna cortina estaba abierta. Me recibió don Ramiro.
-Pásele pa dentro joven. Doña Jovita está dormida, creo que no pudo dormir en toda la noche. En un momento el joven baja, no le dijimos que usté vendría –Dijo don Ramiro.
-Entiendo, aquí lo esperaré
-Ah, y joven, le digo de una vez que no se vaya a sorprender con el aspecto del amo; en serio ta tan cambiado –Dijo don Ramiro mirando hacia el techo, se oían ruidos provenientes de la habitación de G.
Descendió por las escaleras hasta estar frente a nosotros.
-Amo, el joven amigo suyo ha venido –Le dijo don Ramiro.
G. pareció tardar en reconocerme. Yo estaba anonadado. Doña Jovita no había exagerado en nada de lo que me había contado. ¡G. había cambiado en demasía!. Tenía menos estatura, se había encorvado. Apenas en su rostro quedaban rasgos propios de él. El maxilar inferior parecía habérsele salido hacia delante, sus ojos estaban sumidos al igual que su nariz. Los dientes le habían crecido y sus labios no alcanzaban a cubrirlos. Tenía la barba y el bigote abundantes y engrosados. Emanaba su ser un olor que no era meramente humano.
-¿G.? –Apenas pude decir. Tardó unos segundos en contestarme.
-Si, no parezco yo, ¿verdad? –Dijo con una voz que tampoco tenía, era más grave y presentaba una horrible escala.
-No. Claro que no. Ahora mismo debes salirte de eso que estás haciendo –Dije, en mi no cabía más que la sorpresa.
Tosió.
-No… no puedo, estoy ya muy cerca como para abandonar el proyecto ahora.
-Pero mira tu estado. Debes ver a un doctor de inmediato, estás enfermo de no sé que –Al momento en que dije eso, de su laboratorio se oyó el gemido horrible del primate que había traído.
-Esté sufriendo, pero casi termino todo. Me está costando la salud. Te voy a pedir que te retires por favor. Falta poco para el gran éxito, en algunos días mis criados te avisarán. Su voz no tenía nada de saludable, estaba entrecortada de flemas y secreciones internas.
Apenas si podía creer todo lo que veía, y como si no estuviera ahí; G. erró hacia su laboratorio. Su caminar era desgarbado, sus piernas se veían más cortas a comparación de sus brazos, que aparentaban ser más largos.

Estaba aturdido, sigo sin saber por que no hice algo en ese momento. Salí de su casa diciéndole a don Ramiro que esa misma noche regresaría para ayudar a G. Fui a mi casa, salí y arreglé todos mis asuntos; regresé cuando apenas caía la noche. Aún no comenzaba lo peor.
El no haber dormido la noche anterior hizo que cuando regresara, inmediatamente cayera dormido; eso sí, no faltaron terribles visiones atormentando mi sueño. Jamás pude concebir algún plan adecuado para saber que hacer con G.

A continuación explicaré una situación de la que trataré de omitir los más odiosos e infrahumanos detalles. Si hay algún dios, o algo parecido, que tenga piedad del alma de G., si es que después de lo sucedido le quedó alma.
Desperté a media noche a causa de los timbrazos y portazos que alguien daba en mi puerta. Una fuerte tormenta caía y los rayos iluminaban a don Ramiro exaltado.
-¡Joven! ¡Joven! –Gritaba- Ahora si nos cayó el demonio, algo le pasó al amo. ¡Yo no tengo nada que ver con esto! ¡Solo le estoy avisando! ¡vaya a verlo! Don Ramiro ostentaba una vieja escopeta y una lámpara.
Estaba paralizado. Su solo aspecto me había hecho saber que algo terrible le había pasado a G. Y en medio de la lluvia don Ramiro y yo corrimos hacia la residencia de G.
La luz se había ido, la puerta se había quedado abierta y todo el interior estaba lleno de agua. Bajé titubeando las escaleras que conducían al laboratorio de G. Los rayos iluminaban el frío y húmedo corredor de piedra que antecedía la puerta blindada del laboratorio; que para mi sorpresa, estaba abierta; algo había salido mal.
Adentro había una fina cortina de humo. Todos los aparatos habían estallado. Miasmáticas excreciones estaban regadas en el suelo produciendo purulentos olores hediondos de algo en infinita putrefacción. En una mesa se encontraba convulsionando el primate que había traído G..
Ignoro de donde saque fuerza para escribir lo siguiente. En una esquina, tendido, G., o bueno, lo que quedaba de él; yacía en el suelo. Me sigue siendo imposible describir su anatomía. Los rasgos de un primate y un hombre se habían conjugado en él. Pobre. Era, perdón que lo diga, una terrible y despreciable quimera, parte hombre, parte simio y parte algo más que no me atrevo a relatar. Se convulsionaba emanando fluidos, fue el final. De pronto, y como si supiera que estaba ahí, abrió los ojos y me dirigió una dolorosa mirada. Sabía quien era yo, con una voz rasposa, demoníaca, entrecortada y ultraterreja; si es que a eso que emitió se le puede llamar voz, me dijo:
“Nadie más debe saber de esto. Destruye los reportes. No supe con que jugaba, los genes se confundieron…no se debe intentar la manipulación, la vida es sabia. Me transformo, me muero”

Aún hoy en día, no puedo concebir que aquella cosa me haya hablado. El pánico me invadió, sentía mis adentros infestados de todos aquellos vapores y sustancias mal sanos. Corrí de regreso a mi casa y me encerré… como si no hubiera pasado nada, de súbito, sentí un cansancio extremo y caí dormido; y esta vez soñé todos los horrores que no le deseo a ningún ser humano.

A la mañana siguiente me despertaron ruidos de ambulancias, patrullas y un escándalo en general. La curiosidad hizo que saliera. La gente se horrorizó cuando los del servicio forense sacaron los cadáveres ensangrentados de dos primates. Alguien dijo por ahí que yo era vecino y amigo de G., un oficial se acercó a mí.
-Fue una noche fatal. Todos oyeron el ruido –Me dijo.
-Si, lo fue –Contesté.
-Cuando llegamos, los encontramos muertos. Las primeras teorías dicen que tuvieron una lucha sanguinaria. ¿A quien se le ocurre tener “changos” en su casa, verdad? Que locura. A propósito. ¿Sabe donde está el dueño de los animales? Le espera una gran multa por poseer especies salvajes en un domicilio particular –Dijo el oficial señalando los cadáveres de ambos primates.
-No, no lo sé. Creo que muy lejos –Recuerdo haber contestado al tiempo en que noté que uno de los supuestos “changos” abría la mandíbula diciendo algo y parecía dirigirse hacia mí.









DUALIDAD

¿Algún día alguien llegará a comprender en su totalidad lo que es la poesia, amigos?

I

Rescoldos. Baldíos.
Inviernos opacos
Otoños de ceniza
Querida –mi nostalgia
Deseo -lo eres tú
Todo mi camino converge
hacia tu indefinible geometría
Hacia tu luz
y tu ausencia/presencia
A ti, a mi
Entre los seis ángulos de tu nombre
solo escribo dos palabras
te amo


II


La oscuridad hecha raíces
Tiemblo. Pienso
en como puedes estar tan lejos
y también tan cerca
Suspiro. Pienso otra vez. Maldigo
tu ausencia en este lóbrego cuarto
Te extraño, escribo en la pared
y me rindo mejor al sueño
en que tu y yo algún día
juntos estemos siempre


AS ASHES

...no se como ande en esto de estar escribiendo en otro idioma...Juzguen ustedes.

As ashes
flies the words
to reach the sky

As ashes
burns everything
in the distant past

As ashes
lefts the memories
on the wind of the mind

As nothing
disappears the ashes
of the things
that we thought;
we used to know

POESIA 3

...chale....tan solo es una de las tantas concepciones que tengo de ustéd, sra poesia, no se enoje.



Las horas lento reptan.
Se expresa la nostalgia
en todo lo que nos separa:
el mundo inmediato
en mis entrañas dolor.
Cada estructura de otras anatomías
que no entiendo
que no son la tuya.
Mis pasos no tiene huella
Estoy ausente de mi mismo.

Es la lejanía lo que hace
amarte, sufrirte;
mitad de mi alma.
Reflejo. Sonido. Herida.



viernes, 19 de diciembre de 2008

CAFÉ

En las siguientes palabras se puede definir el café: es exquisito, el café es la neta.
Espero encarecidamente que tenga junto a ustedes una taza; si no, ¿que esperan?! .....digo; no se va a preparar solo!!!!... es como la oda al cafe (como la oda a la cebolla) y quizá algun día las chelas tengan algo parecido.......



I)

Con media cucharada de luna
café negro antes de dormirse
y escribir el sueño lejano
ese de soñar nunca despertarse


II)

Endulzado con un poco de recuerdo
café en la sala con el pasado
para hacer compañía al presente
pan y mantequilla;
espolvoreados de futuro


III)

No sé por que al beber café me acuerdo tanto de ti
¿O me acuerdo tanto de ti que bebo café?
Quien sabe…
Tal vez por que veo tu piel en la cáscara del grano
y la huelo, y lo huelo
inundo mis entrañas de finas esencias orgánicas;
del agua que regó las raíces de los cafetos
y yo, tu mismas raíces que regué con mi saliva:
la fina línea inguinal; el borde convexo del talón.

Es que al beber café presiento tus ojos traicioneros
endulzándolo con memorias a falta de azúcar;
pero mejor lo olvido porque decías que el café no se endulzaba
y sigo bebiendo aunque me acuerde tanto de ti.
Como el buen café, esta noche, recordándote,
no podré dormir

TAL VEZ EL SUEÑO

Creo que estas cosas (los bloggs) no son lo más apropiado para publicar poesía. Los poemas que he publicado, por motivo del formato o no se como se le diga al tecnicismo, no respentan la forma original que le dí; asi que el poema al final puede sonar un poco truncado por motivos del espacio y eso...........


Intangible la noche se desdobla
Los murmullos. Los trinos
empiezan a ceder

Y algo o alguien toca los parpados
sin embargo;
no espera a que abran
Hay algo
Creo que es una imagen
Creo que aquí hay alguien más

¿Acaso una dulce necesidad
de reinventar todo nuevamente?

SIN TITULO

Aqui os presento otro poema. Espero os agrade.

Juego con el mecanismo de resorte de la pluma
Busco en las paredes razones,
vestigios que pudieran hacer comprender;
este etéreo momento, quieto estallido
de suposiciones, de vaivenes interminables.

La sombra se adhiere con paso firme
La tinta rasga y viola el papel
haciéndolo cómplice efímero
de locuras imprevistas, de pensamientos no pensados.
Las horas no se cuentan. Me aferro.

Quizá prolongue o mate la espera,
todo dependerá de lo que el sueño diga,
tratando de suturar heridas que no existen
punzantes en los miembros amputados
los nervios emiten un extraño pulso.

Y algo indica en este momento
que la efigie sigue emitiendo vida
de entre toda mi savia y cortezas
¿quién dijo que el sueño se había ido?;
de lo contrario, la muerte, sería imprescindible
.

CLINICA PROPEDEUTICA DEL AMOR Y LA GRIPA

Y bueno para los que no sepan cual es el trozo de rola que menciono al final; es "Since I've been Loving You" de Led Zeppelin! Noma! La rifan bien chido!.........robert plant y jimmy page eran bien cabrones!


El síndrome del enamoramiento es fácilmente identificable, (si es que uno posee el adecuado sentido clínico) por los siguientes signos y síntomas: el paciente referirá sentir “mariposas” (así es como más comúnmente se define) en el estómago al ver al objeto de su afecto, sensación de sentirse en otro lugar, recurrentes pensamientos a ese objeto afectivo, en veces la mirada perdida, en veces distraído. También referirá (o puede que lo niegue) que en sus ojos aparezca cierto fulgor al momento de solo hablar de aquel ente especial, así como también que las personas del sexo contrario, o del mismo, en su defecto; pierdan todo atributo físico porque en este caso, nada le parece más hermoso que su objeto afectivo. Además, el efecto de ruborizarse las primeras veces, no saber de qué hablar, juego de miradas cómplices, nerviosismo según la capacidad de controlarse del individuo. Para confirmar las sospechas del enamoramiento es preciso hacer una historia clínica adecuada del paciente, a diferencia de las historias clínicas médicas, esta solo requerirá más que nada un interrogatorio y a lo mucho algunos datos de la exploración física. Así entonces podremos hacer un diagnostico, un plan, que aquí no sobra decir, no hay plan específico ni nada; y como en la medicina, nos reservarnos el pronóstico, uno nunca sabe que pueda pasar. Dirían los estudiosos de la clínica propedeutica que tras cansadas horas de estudio nos dan la oportunidad de usar su tecnologia

Pues bien, apresurémonos a decir, un poco de esto unido a otras cosas era lo que padecían Angélica y Daniel. Ella estudiante y el también. Ambos cursaban el común denominador de vivir sus vidas tranquilamente, entre la familia, los amigos, las obligaciones, los vicios y las diversiones. Daniel conoció a Angélica por medio de una amiga, como tantas veces suele ocurrir, en aquel entonces él no intentó nada porque su amiga le había contado que Angélica, y en aquel entonces su pareja, ya llevaban tres años de noviazgo; así que Daniel, digámoslo así, ni se inmutó, solo estaría perdiendo su tiempo, además de no respetar el sagrado mandamiento de no desearás a la mujer de tu prójimo.
Tiempo después, gracias a que las condiciones necesarias ocurrieron, Angélica término con su pareja de aquel entonces y fortuitamente empezó a tratar a Daniel. En ambos fue apareciéndose gradualmente el síndrome del enamoramiento, las primeras veces demostrábanse cierto nerviosismo, no obstante, con el pasar del tiempo la confianza fue aumentando, salían, se conocía, platicaban con sus amigos del progreso que hacían. Ella solo esperaba a que el hiciera la pregunta que sabemos en cualquiera de sus variantes: “¿quisieras salir conmigo?”, “¿quieres ser mi novia?”, o como quiera que sea que le dé la gana. Él por su parte se preguntaba y dudaba de cuándo sería el momento preciso, es decir, si ya o todavía no, a lo mejor Angélica solo le veía como su amigo etc. Ambos se daban señales, él lo notaba de ella y ella de él, ambos dudaban, ambos contenían la respiración al verse, ambos jugaba al juego del amor con sus tantas inespecíficas reglas. Así llegó aquel buen día en el que tanto habían pensado. Daniel hizo su proposición a Angélica, y como suponemos, ella accedió. De este modo vinieron días idílicos, de paseos, pláticas y complicidad. Vinieron las pláticas por teléfono a altas horas de la noche, las citas imprevistas, los “te quiero”, “te extraño”, “me encantas” etc. Sucedió el deseo, los besos, los abrazos, la consecuencia finita e inevitable del amor. Ninguno pensaba en el final, ninguno.

…y aquella antigua parte de la ciudad era testigo del momento extraño que acaecía entre Angélica y Daniel. Fachadas ancestrales, calles de adoquín, la aurea hojarasca del otoño tapizaba el suelo reflejando una tarde que se pintaba de rojo, naranja y violeta. El viento arrastraba las hojas, revoloteaban papeles, basura; algunas puertas y ventanas de establecimientos se azotaban. La luz mortecina iba feneciendo en cada rincón y materia, los rostros de Daniel y Angélica se diluían al ocaso mientras la noche lejana desdoblábase. Acaso una estrella en el horizonte hacía, repentina, su aparición. Estaban sentados en una banca, viendo como unos niños jugaban al tiempo que alguien mayor les decía que se fueran a sus casas por que ya era tarde. Angélica besó las manos de Daniel.
-Oye…¿recuerdas de la beca que te dije que trataría de obtener? –Dijo ella acariciando el rostro de él.
-Si, si recuerdo. ¡¿…qué pasó? ¿La obtuviste?!
-Si, me costó mucho trabajo, pero al final si. Ayer me dijeron, tengo un lugar en alguna universidad de allá. Puede ser en París o Lyon.
Un breve silencio siguió después de lo que dijo Angélica. Su mirada brillaba, pero estaba también impaciente por saber que pensaría Daniel, entre ambos se sentía la nostalgia y la alegría por tal acontecimiento.
-…que bueno, que bueno. Me alegro –Y Daniel besó a Angélica-, algún día serás una gran escritora, ¿te vas a acordar de mí en las dedicatorias de tus libros?.
Angélica sonrió.
-Claro que me acordaré de ti siempre, y claro que te pondré en las dedicatorias de mis libros. No sabes que trabajo me costó, estoy muy feliz y un poco triste a la vez
Se abrazaron, Angélica trataba de contenerse por no empezar a sollozar. Daniel le acariciaba el cabello y la besaba. Se separaron un momento.
-Y bueno, imagino que ya sabes que significa…
Daniel la abrazó nuevamente.
-Si, ya sé, no te preocupes… –Le dijo quedo al oído.
-Ay Daniel, niño, te voy a extrañar mucho, no sé que voy a hacer sin ti allá.
Parecía que Daniel no encontraba las palabras justas y racionales para el momento.
-No sé bien… tal vez conocer franceses. Ambos rieron
-Ya tonto, es en serio, no sé que voy a hacer sin ti allá. Te amo demasiado. Te digo, estoy muy emocionada y confundida a la vez.
-Es normal que te sientas así, lo deseabas, pero quizá no tan súbito. Te lo mereces, en verdad te lo mereces. Lo querías con todas tus fuerzas, era tu sueño y ahora se ha hecho realidad. Vamos…lo has conseguido gracias a tu esfuerzo.
Angélica se soltó llorar. Daniel la abrazó.
-Es que… es que… sabes que te quiero mucho, y también eres una parte importante de mí…te voy a extrañar mucho. No quiero que se acabe… -Decía ella sollozando- no quiero terminar. Daniel también quería llorar.
-Lo sé, lo sé, yo también te voy a extrañar mucho…ya. Yo tampoco quiero terminar
Siguieron así algunos minutos más.
-Vamos, ya es tarde, tengo que irme. Apenas si me dará tiempo de preparar todas mis cosas. Volaré mañana a las once de la noche, casi ni tendré tiempo de dormir. Acompáñame a mi casa –Dijo Angélica secándose las lágrimas.
En el camino una fuerte lluvia los sorprendió. Buscaban un lugar donde refugiarse y acordaron mejor ir al departamento de Daniel que ya estaba cerca, así después Angélica podría ir a su casa cuando terminara aquella tormenta. Entonces corrieron, se olvidaron de aquella parte racional y reían aunque los autos y camiones que pasaban junto a ellos los salpicaran. Demás personas se les quedaban viendo, unos con desconcierto, otros reían cómplices de su alegría. Se abrazaban, se besaban. No había parte de ellos que permaneciera seca, sus ropas se pegaban a sus cuerpos y escurrían. Por fin llegaron al departamento en medio de risas y escándalo. La ciudad era una mezcla inespecífica de colores, sonidos y reflejos asimétricos en el agua.
-¡Ja, ja, ya no aguantabas correr! –Dijo Daniel.
-¡Ay no! ¡de verdad que no! ¡No tengo condición física!
-Aparte los camiones y carros nos mojaban y no nos importaba –Dijo Daniel
-¿Ya ves? Ja ja, por eso te dije que tomáramos un taxi –Dijo Angélica.
-Yo pensé que nos daría tiempo… pero estuvo divertidísimo, ¿no?...aunque bueno… -Calló Daniel
-Bueno, ¿que? –Repuso Angélica
-Te vas a ir… ¿y que tal si te enfermas?
Ambos se callaron, lo habían olvidado en unos instantes de locura. Angélica suspiró.
-Si, tienes razón, pero al menos la gripa me recordará estos momentos tan bonitos junto a ti. Se abrazaron.
-Estás fría y pálida –Dijo él acariciando su rostro.
-Tu también. Y lo besó.
Besos que al principio eran tiernos, dulces, inocentes; besos que fueron subiendo de notas, de creatividad, en intensidad y duración. Besos que recorrieron todas las escalas y estándares y que posteriormente a ellos se unieron las caricias, las respiraciones agitadas y los pulsos conjugados en un solo fin.
-Eres más bonita esta noche –Le dijo Daniel…
Efectivamente, Angélica estaba como tal, como Angélica. No estaba maquillada y se mostraba pura, real, ataviada de sí misma, sin otra cosa que la adornara más que su natural esencia. Prosiguieron el inevitable juego, las inevitables e indecibles caricias, abarcando cada necesaria secuencia del juego que abordaban. Cada uno se entregó al otro, no había más que importara en aquellos efímeros instantes, sus cuerpos ciegos se conocían, el tacto y el deseo los invitaba. Daniel recorrió la columna de Angélica, los besos se fraguaron desde su lozano cuello hasta el remanso que forman el sacro con la última vértebra lumbar. De la catarsis sucedió el deseo, del deseo el ritual, del ritual la conclusión del momento y ese mismo momento se concretaba cuando sus muslos se recibían e indagaban. Y al recibirse e indagarse la existencia no solo los concibió como dos simples formas biológicas; sino como un hombre y una mujer que se amaban de verdad. Rendidos después, se entregaron al sueño.
Daniel despertó apenas dadas las 5 de la mañana, pero cuando lo hizo Angélica ya no estaba a su lado. Se había quedado la ventaba abierta y la lámpara encendida, junto a ella, había un hoja escrita, era la letra de Angélica. Del exterior llegaban los ruidos de una ciudad silenciosa que parecía liberada de tantas emanaciones viciosas gracias al agua. Se respiraba un vago olor a tierra húmeda, el cielo estaba liberado, no había nubes en él y así se aseguraba una diáfana mañana. Cantaba un grillo, las estrellas de la madrugada tiritaban a lo lejos, la luna que reinaba en la concavidad universal era naranja, como si fuera de melón. Daniel tosió, cerró la ventana y durmió lo que quedaba para ir a despedir a Angélica…

La enfermedad de la gripa es fácilmente identificable, cualquiera lo sabe aun sin ser médico. Demos el ejemplo, el paciente un buen día se levanta (bueno, ya no es para tanto un buen día) y se siente extraño. Conforme pasa el día van apareciendo los dolores de cabeza –cefaleas- las mialgias, las artralgias y el malestar general. Hay fiebre, decaimiento del humor, si el caso es grave; dolor de garganta con consiguiente y propia inflamación de las amígdalas. El paciente presentará adinamia, astenia y posiblemente anorexia. Puede que esté irritable. Para confirma las sospechas de la gripa común no es muy necesario ir al médico ni ordenar algún examen especial en algún centro avanzado de análisis médicos. Y si se va al doctor este quizá no haga una extensa historia clínica. Así pues se le recomendará al paciente reposo, ingesta abundante de líquidos, quizá algún antibiótico y analgésico y no más. El pronóstico es favorable, a no ser que se complique el cuadro y evolucione en una afección más agresiva.
Pues bien, apresurémonos a decir que gran parte de esto, por no querer decir que todo, era lo que sentía Daniel. Refería cada signo y síntoma de una gripa clásica. Aún así fue a despedirse de Angélica. Lloraron, se prometieron, besaron y despidieron. Era inevitable el final. Daniel regresó a su departamento, así, abatido por la despedida y por la gripa, se sentó a leer la carta que le había dejado Angélica.
“…mi amor, mi vida
Me costó mucho destapar la pluma para escribirte estas líneas. Me cuesta más tener que escribir estas palabras, que son una parte de nuestra despedida, y es peor también tener que despertarte (y no lo haré) porque te ves tan sereno, tan mío, tan solo tú; jamás olvidaré esta imagen. ¿Sabes?, no pudimos despedirnos mejor, si, simplemente no había otra manera, y si existiera otra, no sería tan real, tan hermosa. Me cuesta mucho creerlo, lo conseguí, en algunas horas estaré en Francia, te recordaré todos los días, y aún más cuando esté viendo como atardece sobre el Sena (¿recuerdas cuantos atardeceres vimos?, creo que perdí la cuenta en 53). Nunca olvidaré los primeros días de cuando nos conocimos, ni las pláticas que teníamos hasta la madrugada, la forma en que mirabas cuando nos encontrábamos, la manera en que me besabas tomándome de la cintura. Está claro, no siempre estaremos en el camino de los que nos rodean, variará el tiempo y la intensidad, ahora nos toca despedirnos, pero te aseguro que erosionaste y dejaste un grato recuerdo en mi memoria, eres, mi vida, un capitulo muy feliz de mi existencia; pero ni modo, hoy toca decir adiós, quizá después volvamos a converger en los caminos.
Cada palabra que pienso, no voy a negártelo, es dolorosa, por que como me gustaría que todo siguiera como hasta ahora, empero, todo tiene que cambiar, lo único que no cambia es el cambio. Siempre tendré un espacio en mi mente y corazón para ti, Daniel, mi novio, mi amigo; simplemente incondicional. Gracias por los momentos que pasamos juntos, por el tiempo en que reparaste en mí, porque estuviste cuando te necesité, cuando había llanto y risa, entre la pena y el goce. Solo sonríe querido, no te pediré que no te sientes mal ni que niegues que esto es difícil para ambos, pero sonríe, como me encantan los agujeros que se te forman cuando lo haces. Te aseguro que con el tiempo que pase nos repondremos y volveremos a los instantes pretéritos sintiendo la dulzura. Hoy tratemos de no sufrir, de ignorar el silencio, de dar la espalda a la soledad que se erige entre nosotros. Nunca es tarde para comenzar una nueva historia, hoy se abre otra senda para ambos. Te quiero. Aurevoire, mon amour.
mi amor, mi vida, recuérdame siempre…
te ama Angélica”

Daniel leyó tembloroso esas líneas, no parecían reales, quería olvidar que eran dirigidas para él. Como le gustaría pensar que nada de aquello había pasado, que él, tal vez en algunas horas más se reuniría con Angélica como en cualquier día normal; pero no, todo estaba sometido a la clara especificidad, al dolor, a la sobria nitidez que la lúcida conciencia nos ofrece en la realidad, sea sofocante, sea gozosa.
Había puesto música, una guitarra chillante y una voz embrujadora y aguda se hacían cómplices del momento. “Said I’ve been crying, my tears they fell like rain. Don’t you hear?!; don’t you hear them falling?!. Don’t you hear?!; don´t you hear them falling?!”
La situación era tal, estaba enfermo de gripa, se sentía abatido; y reflexionó: “tener gripa es como una herida de amor; no te mata, pero tampoco te deja vivir en paz”

viernes, 12 de diciembre de 2008

10$ MONEDA NACIONAL

...inspirado en una historia real. Con una chica que quería entrar a un evento privado y un cabron que pensó que el contador oficial del bicentenario era un reloj digital que también daba la temperatura.

10 pesos al principio no pueden parecer mucho, y menos en estos tiempos. Con 10 pesos pódemos viajar ida y regreso en nuestro muy peculiar transporte publico, podemos comprar tortillas, alcanza para la memela y para invitarle una al compa. 10 pesos ya no es la mitad de una chela (creo que en algunos casos , si) 10 pesos. En nuestra heroica puebla, cuyas campanas fueron erigidas por los mismos ángeles (como están las cosas hoy en día; ¿donde están esos cabrones?, ahora si los necesitamos) pensaba que esos mismo 10 pesos eran casi nada y valían lo mismo o quizá menos como en otros estados, ¿y para que citamos otro país?
Pues bien, hace apenas escasas horas descubrí que con 10 pesos pude viajar (ida y vuelta, claro está) en la poderosa ruta 44 verde hacia el centro, y un centro modernizado, con adornos navideños y toda la cosa. con arbolito de navidad y regalos, con nacimiento sin niño dios...¿por que será? y así...para entra al cine de arte con una amiga, supongo el CONACULTA lo patrocinó y la entrada fué gratis. Así también esos 10 pesos sirvieron para ver como en un documental exhibian la controversia de como unos grupos autoctonos de chile quería ser movidos a otra parte por la construccion de una presa. En el segundo, intentaron convertirme en un cerdo, si un documental de cerdos, pero falló. Salian todo tipo de cerdos, cerdos- cerdos, o sea, de verdad, y cerdos humanos: aunque bien no se por que pusieron a marilyn monroe, elvis, hitler, mussolini, maradona en curiosos retratos de cerditos. También como un cerdo con su enorme.....como decirlo para que la gente decente no se indigne?...con su enorme falo se tiraba una persona...que cosas vayan uds a saber. El siguiente fue de todos.....mas o menos lo mismo que lo de los cerdos... nuestra relacion con ellos.
Mas tarde caminata en el zocalo, donde me dijeron lo del contador, invitaciones a algo de metafisica (por favor , que alguien me explique) etc.
10 pesos que sirvieron para externar algunas cosas, para reir de estupideces, para aligerar la carga de un cuatrimestre extraño. 10 pesos para ver una chica emocionada por pegar estrellas fosforecentes en su cuarto (aparte, ayuda a la ecologia, por que iba a poner lucecitas), que genial, que genuino. Las pequeñas emociones chidas valen 10 pesos o puede que menos. que bien. Y de paso me regaló una estrella, una pequeña, que pegué en una ventana que no he limpiado en años. Gracias

lunes, 8 de diciembre de 2008

PRINCIPE AZUL

...este era el original que posteriormente seria adaptado para un cortometraje. A traves de todo este tiempo que ha pasado sin que sepamos nada de ambos: un saludo

….. y aquel día él se levantó. Era tarde; no tarde en la mañana a la hora que uno se le ocurriría levantarse, no las diez ni las once; o, en el peor de los casos las doce. No, eran pasadas las seis de la tarde.
Se incorporó frotándose los ojos y tosiendo, chasqueando la lengua percibiendo aún todo lo ingerido el día anterior. De la ventana, la luz mortecina lo perturbó; bostezó y la abrió. Pronto descubrió mejor la esencia de la tarde; un cielo de acuarela en tonos rojizos, naranjas, rosados y violetas. Alguna brisilla entró y le revolvió más el cabello al tiempo en que los olores externos inundaban la pieza de hierbas, de aire y los rumores de una ciudad que se iba entregando poco a poco a la noche.
Suspiró. Se contempló. Tenía la misma ropa del día anterior, había llegado tarde sin saber la hora. Inspeccionó su cuarto; la cama aun conservaba su silueta. Junto, en una mesa, había latas vacías de cerveza, colillas y cajetillas de cigarros. Libros apilados, hojas desordenadas con una caligrafía ilegible. Plumas, lápices y más libros debajo de la misma mesa. Al frente, en otro mueble, algo de ropa amontonada, y más libros y apuntes en hojas esparcidas. En el suelo yacían bolas de papel, cadáveres de insectos y latas aplastadas. Miró su reloj; <>, se dijo.

Abrió el grifo oxidado del lavabo, pronto; un chorro débil de agua corrió sobre la cerámica mohosa y deteriorada. Se lavó la cara. Al salir le pareció que la casa estaba más sola que nunca, y que esa soledad, más que nunca, se hacía más presente. El pasillo estaba iluminado por la tenue luz del atardecer, cada objeto comenzaba a reducir su sombra al paso de la noche. Caminó, y aunque sabiendo que desde hace tiempo no vivía nadie más en esa casa, abrió la puerta del siguiente cuarto. Vio la cama y una colección de muñecas encima de ella. La persiana estaba corrida y permitía que débiles haces de luz brillantes se filtraran. Cerró. Abrió la siguiente puerta, encontró unos muebles desvencijados, cuadros polvorientos y una caja con juguetes. De ella sobresalía una muñeca con vestido azul, su cara denotaba una mirada clara. Salió.
Entró al cuarto posterior. Al abrir, un olor a papel viejo le impregnó las entrañas. Había un sillón y tres grandes libreros, todos y cada uno repleto de volúmenes de distintos tamaños y colores. El polvo los opacaba.
Ordenó algunos tomos que estaban inclinados, levantó y desempolvó los libros que estaban tirados. Se sentó en el sillón y comenzó a revisar que títulos habían allí. Reencontró historias que lo habían cautivado, volvió a ver los lugares en los que había leído esos libros, quizá la banca de algún parque, quizá la madrugada de algún día. El pasado se hacía presente.
Con un movimiento para alcanzar un titulo tiró la pila que se erguía a su izquierda; la caída de esos libros había dejado al descubierto un pequeño librillo de portada descolorida en la que ya no se alcazaba a ver algo. Abrió el volumen, una sonrisa se dibujó en sus labios junto con una mirada cómplice.
Un libro, no importaba el título; era una historia de fantasía, príncipes y dragones, castillos y princesas; espadas y rosas. A su mente llegaron las memorias de aquellas tardes de otoño. Hace tiempo estuvo ahí sentado, con su mejor amiga. Tal vez era un parque a la sombra de un árbol. Leían ese mismo libro, bueno, a decir verdad, no leían el libro; solo repasaba una y otra vez los dibujos del autor.
Él comenzaba a recordarlo todo, el color del día, la voz de ella, nuevamente sintió el libro como lo sintió aquella vez.

-¡Mira! ¡A que yo también podría matar un dragón tan feroz como ese! –dijo él.
-¡Si! Y si yo fuera princesa también me gustaría que me rescataran con un caballo blanco –dijo ella.
-…y mira que armadura tan resistente. La espada de ese príncipe tiene tanto filo que podía matar a mil dragones y salvar a mil princesas más.
Los dos reían y exclamaban.

-¡A lo mejor algún día me voy a casar con un príncipe azul que sea muy guapo! –Dijo ella.
-¡Si! ¡Y yo voy a tener un caballo blanco y una armadura y espada para pelear contra todos los dragones del mundo… -añadió el.
….

El sonrió, cerró el pequeño libro y puso de nuevo los que se habían caído sobre el sillón. Salió del cuarto. Regresó a su cuarto y se percató de que ya había oscurecido. Buscó en su mesa unas hojas y se dispuso a escribir sobre ellas. No llevaba mucho tiempo concentrándose cuando sonó el timbre. << ¿Quién será a estas horas>> Dijo para sí.
Salió del cuarto para abrir.

Al abrir se encontró con ella. Jamás se dejaron de llevar aunque pasaran los años. Él la contempló haciendo un gesto.
Hematoma en el arco ciliar derecho, el labio inferior inflamado y parcialmente abierto. De su nariz escurría un hilo de sangre. Temblaba, luchaba por contener por más tiempo las lágrimas que se revolvían con la sangre. Se echó a sus brazos.

-Todo terminó esta noche. No soportaba más –Dijo ella entre sollozos.
-Ya pasó, calma. Estás conmigo. –Dijo el acariciándole el cabello,-pasa.
Ello entró y se sentó tocándose la frente.
-Llegó borracho y me pegó otra vez. Me escapé.
-Está bien, está bien. Es lo mejor que podías hacer, ahora estás a salvo.
Su acomodó en el hombro de él. Su llanto no era continuo y escandaloso, sino pausado y apenas audible.
-Perdón por molestarte a esta hora –Dijo.
-No te preocupes. Para ti siempre están abiertas estas puertas.
-Tenías razón cuando me dijiste que él no me convenía.
-Ya no importa, eso ya es pasado. Si te hubieras quedado más tiempo tal vez hubiera pasado algo más grave.
-Perdón… nunca te escucho. Fui muy tonta e ingenua. Pensé que era perfecto…pensé que él en verdad me quería… pensé que yo lo quería. Que todo era real y bueno…que sería todo para mí… los príncipes azules no existen.


domingo, 7 de diciembre de 2008

7:46 AM

...."y el corazón está inervado por ramos del vago, asi forma dos distinto plexos.........." no mamen! era como la 5ta vez que el profesor de anatomia explicaba la invervacion del corazón (pero no tanto numero de veces el sistema de conducción...) y yo estaba hasta la madre...desde mi pupitre se veía claro el amanecer.... del algún lujgar de mi memoria se erigieron las siguientes líneas. Recuerdo que lo escriví al reverso de una hoja donde tenía impresa la reseña del concierto de los deep purple....."all right, holdtight..im a highway star......yeah la rifan bien chido"



Anoche el cielo sufrió y lloró
Algo auguraba desde su condición tormentosa.
Ahora el alba se recibe liberada;
virginal, fresca,
radiante otra vez.
De su laúd las tibias notas
por el cristal se filtran límpidas
alcanzando todo con mil trinos,
rocío,
y de luz versos,
que confluyendo mansamente
en un cauce de quietud hialina y mojada tierra
nos despierta sedeña y cariñosa
después del sueño esta mañana
con su leve caricia azul.

ATARDECE

"la poesia es simplemente leguaje cargado de signifiación al máximo grado posible" Dijo don Ezra Poud (un saludo al señor poud donde quiera que se encuentre).....chale, nadie madres sabe realmente. Las personas que están ajenas a todo este desmadre piensan que es inspiración....creo ni siquiera sabemos bien lo que quiere decir esa palabra.
En parte estoy de acuerdo con el sr pound.....pero también con otros tantos. Pienso que la poesia debe llevar significado, que cualquier cosa es poetizable, que hay reglas y cosas tecnicas imprescindibles como en cualquier otra cosa.....pero pienso que también lleva un proceso, digamoslo asi: magico, algo que solo las personas que se dedican a esto pueden sentir....sino.....creo que cualquier persona podría ser poeta....imagino que es un don que viene de fabrica o bien se va formando segun lo que el individuo viva.
En fin.....allá cada quien.

El caso es que aqui os presento las primeras poesias de Estatuario Soleado. Espero las disfruten, que les guste el ritmo y su musicalidad. Me gustaria saber vuestra opinion. Ambas son solo imagenes, en dos momentos distintos..... ¿a quien no le gusta los atardeceres? ( en su defecto; váyase al diablo, puto amargado) los atardeceres son la ley; algo bueno de la vida que es gratis (x el momento). so ..............enjoy it! Confieso que admiro el estilo de alvaro mutiz; quize imprimirle algo asi con mi propio sello



Y aunque es breve o indefinida
su imagen a oscilar comienza.
El sol muere de a poco,
de la lento,
en cada baldosa de la calle,
sobre las ventanas opacas,
y es milagroso
que ellas adquieran vida
reflejando el matiz del celaje.
De la tarde en este momento
Escuchamos las ligeras notas.
Como casi siempre ha sido
es viva, naranja
roja, fugaz y sedeña.
Anda por todos los rumbos.
Traza vetas en el cielo.
De bisagras oxidadas abre puertas,
iluminando nocturnos de poemarios.
Traviesa se filtra por la persiana
instalándose en esta pieza,
así tristemente entona
una melodía de oscuras escalas
al tiempo que frágil se diluye
en radiantes lunares allende el infinito…

CARTA

....no ignoro el porque de estos diálogos internos.

"It helps me to rule out the sorrow, it helps to fuck off (empty) my mind. Making the most of a bad time. I'm smoking the brains from my head..." -Alkaline Trio


…mi vida, mi amor.
Siento tanto no haberte escrito antes, el tiempo en verdad ha parecido eterno sin ti. ¿Sabes? El mundo externo no pretende separarnos, pero es un obstáculo entre tú y yo. ¿Qué como lo sé? Lo he descubierto a través de las horas, de los meses, en fin; de los pocos años que llevamos conociéndonos. Imagino, tu también lo habrás pensado así. ¿Recuerdas que al principio todo parecía sencillo? ¿Recuerdas que no te conocía muy bien? ¿Que en mis ratos libres solía verte?, no pude en ese entonces apreciar la magnitud que se requiere para estar contigo, y no solo en cantidad, sino también en la forma de unirnos. Aquellos días conociéndonos, días de sol, días de ingenuidad, donde nuestras nerviosas risas hilvanaban poco a poco los hilos que ahora nos unen. Sí, sé que no era todo tan cierto, por lo menos hoy es un poco más real, bien espero que algún día seamos tangibles, seamos fehacientes, seamos solo uno.
Ambos sabemos que las cosas no están como nos gustaría, que se acabaron esas visitas imprevistas, que antes nos encontrábamos a pocos metros de distancia. No es que el camino que hoy he elegido sea el incorrecto, pero es difícil encontrarte en el. Este invierno es largo, lóbregas noches me asolan cuando al sumergirme en tu hermoso recuerdo, solo te puedo pensar, sólo tú, querida, en la lejanía. A veces pienso que quizá sería mejor tomar otro derrotero, uno más sencillo hacia ti, que gasto el tiempo aquí en este lugar de voces, efigies y sensaciones confusas: pero si por algo estoy en el es porque quizá la vida, (si es que existe de verdad) quiere que nos conozcamos así, con todas estas dificultades, con toda esta distancia que me parece inabarcable desde el día en que nos conocimos. En la marcha no hay nadie que me preste esperanza, no hay nada que refulge en este camino de oscuridad. No así, se que algo me dice que mi empeño tarde o temprano me conducirá hacia ti, y, será comprometedora la idea: quiero morir en el intento. Te amo. Todo esto que he y hemos recorrido, quiero pensar, ha estrechado nuestros lazos, nos hará más fuertes. Que estos cruentos inviernos de noches nubladas donde acecha el tedio diciéndome que eres una fantasía se terminarán. Hay susurros, parece que este serpenteante camino nunca me conducirá hacia ti, mi amor, los cuervos hablan y dicen que no piensas en mí, que es inútil que siga y debería mejor aceptar que no somos reales. Los buitres esperan a que me agote, ya vuelan en círculos siguiéndome la marcha, están ávidos por saciarse de mis vísceras y sobre todo que alguno de ellos engulla mi corazón donde solo tengo lugar para ti, mi vida. Y tengo miedo, realmente tengo miedo, querida, de que todo esto solo sea una quimera, que en realidad no seamos lo que yo creía. Sin embargo, parece que el tiempo aún no nos ha derrotado, a pesar de las dificultades hemos seguido conociéndonos, pensándonos, cada día, en el dolor, puedo sentir cuanto te extraño, cuanto te amo, cuantas veces pasas por mi pensamiento, y amargo, busco un respiro para escribirte, para atizar este fuego que me mantiene vivo en este mundo paradójico, extraño, que está configurado para no sé qué fin.
Debo decirte, pequeña, que ahora que encuentro un tiempo libre procuraré escribirte todos los días, y que tus respuestas y sonrisas las encontraré en alguna estrella que figure en este cielo casi eterno de agonía. Que sabré que también piensas en mí cuando encuentre tramos de hierba verde, al escuchar el agua correr sobre las piedras lisas o sienta la caricia de tu mano guiándome cuando pegue la pluma en la hoja de papel. Necesito pensar que hay futuro, que las sombras serán solo pasajeras, que cierto día despertaré rayando el alba y estarás a mi lado.
Las cosas aún pueden empeorar, no sé porqué lo presiento, me gustaría que en estos momentos cuando estoy escribiendo estas líneas estuvieras acá, tomando mis manos, mirándome, que sintiera tus lozanas caricias infundirme más vida, más de ti…y en verdad lo siento al momento en que mi caligrafía busca tus trazos, tus formas. Al tratar de indagar todas aquellas cosas que no conozco de ti.

sábado, 29 de noviembre de 2008

LA ENTREVISTA

Espero que no se confundan con los saltos de tiempo, cualquier cosa, escucho (o leo) comentarios. El final es distinto, originalmente tenia otro, uno quizá más ¿ingenuo?, ¿puro?, ¿tierno?, no se que palabra utilizar...pero descubrí que Eugenia Maria era (y es) una mujer fuera de si. Pobre, quería sentir álgo de verdad. Con este entre a un certamen hace un año...nada : (

De la ventana se filtran algunas luces de otros edificios que todavía están en actividad. Son las 00:26 y acaso, en ese nosocomio, hay otro ruido aparte del producido por los ductos de aire o las sigilosas pisadas de alguna enfermera. Está todo conjugado en una perfecta quietud, el más leve movimiento desafina esos acordes orquestales.
En frente de la misma ventana, Eugenia Maria yace apacible sobre su silla de ruedas. “Yo no estoy loca” –piensa. Las persianas solo permiten que vagos haces luminosos se cuelen dentro de la espaciosa pieza confiriendo a Eugenia Maria un aspecto irreal. Sus cabellos lacios y rubios le caen a ambos lados de la cara y terminan a media espalda. Tiene ojeras, la piel reseca y sin color. Sus ojos verdes están turbios, como si una muerte pasajera se hubiera apoderado de ellos. Su ser apenas emite señales de vida, acaso un pulso casi inexistente, uno que otro parpadeo involuntario; la respiración lenta y moribunda, melódica y nostálgica. Ya son las 00:27 y espera a que alguien le aplique una inyección para que pueda dormir sin problemas y no tener que ser atada por las extremidades a la cama.
No hace más que esperar. Mueve un dedo, ahora los ojos; después exhala más fuerte. Sigue esperando, en verdad, a las 00:28 horas no hay mucho que esperar, quizá el sueño, quizá.
Llega a su memoria el recuerdo del día antes de la entrevista, también era de noche, de las últimas noches donde seguiría ejerciendo uno de los oficios más antiguos del mundo en aquella misma esquina, de aquella misma calle. Sabía muy bien que después de las cinco de la mañana era muy difícil encontrar clientes, por consiguiente pensaba ya en irse a descansar; sin embargo, algo le indicó ese día que debía permanecer unos minutos más. Así lo hizo, prendió un cigarro, se frotó los brazos debido al frío. Miraba al fondo de la avenida para divisar si aparecía un posible cliente. Aquella había sido una jornada mala.
-Anda, solo un ratito, aquí atrás, en las plantas del hotel –Le dijo un vagabundo que tenía por conocido y quien a veces la molestaba. No obstante, otras tantas, le había regalado cigarros y algún trago.
-No jodas, hoy no me ha ido muy bien como para andarme acostando con pobres como tu. Vete. –Contestó Eugenia María.
-No seas coda, que te cuesta. Va a ser bien rápido –Replicó el vagabundo acercándosele de más e intentando tocarla.
-¡Que no cabrón! ¡¿Qué no entiendes?! –Le dijo Eugenia María metiendo una mano en su bolsa. El vagabundo sabía que podía sacar una navaja, ya la había visto usarla con borrachos que se le acercaban a ella con prepotencia. Se hizo para atrás alzando las manos.
-Ta bien, ta bien, nomás solo decía… pero has de querer que te ayude en algo… -Dijo el vagabundo. A Eugenia María le pareció pesar que el vagabundo tenía razón.
-No confundas los negocios con los favores –Le dijo cruzando los brazos y mirando para el otro lado de la calle.
-Ya, está bien, haber que día se me hace –Dijo el vagabundo que empezó a caminar tambaleándose para cruzar la calle. Eugenia María no le dio importancia y se fijó bien en un auto viejo que se detuvo en frente de ella, los cristales polarizados se bajaron.
-¿Cuánto…..? –Apenas si pudo decir un adolescente alcoholizado que no rebasaba los dieciséis años.
-Mil quinientos pero me vienes a dejar hasta aquí –Dijo Eugenia María mirando de soslayo el descuidado auto y tratando de no reparar en las facciones poco atractivas del adolescente.
-¡AH! ¡No jodas! ¡Ni que estuvieras tan bueeeena! Menos y si… -Contestó el adolescente,- si ya has de estar muy usada....
-¡Eso te vale! ¡¿Quieres o no?! ¡Pinche escuincle pobre, ni siquiera has de tener pelos en las axilas! –Contestó indignada Eugenia Maria. El adolescente le escupió y haciendo revolucionar el motor de su carro, se marchó.
-¡Cabrón! –Gritó Eugenia María, que comenzó a caminar hacia el lado contrario de la calle buscando en su bolso un papel para limpiarse.

La claridad lo comenzaba a invadir todo, el cielo iba tornándose albo, las paredes de los edificios rebelaban poco a poco la pintura resquebrajada, las ventanas opacas o los muros estigmatizados por las vicisitudes del medio; el humo, el tiempo y la tinta del aerosol. Las aves despertaban desde los pocos árboles que custodiaban aquellas avenidas solitarias, todavía podían escucharse algunos grillos chirriar; y sobre todo, la afonía de una ciudad fragorosa que no emergía del letargo somnoliento. Eugenia María iba a paso lento, el ruido cadencioso de sus tacones era lo único que alteraba la hegemonía quieta y matinal. Vestía un pantalón ceñido y una blusa que le llegaba hasta antes del ombligo. El cabello rubio y suelto se revolvía sobre su cara como olas desplayándose. De vez en cuando, algún auto pasaba por ahí creando una pequeña estela de aire frío. Cerca, alguien abría una ventana, otro; subía las cortinas de hierro de algún negocio. Más lejos, una escoba tallaba el triste asfalto y quitaba las hojas de las coladeras para que el agua no se estancara cuando lloviera.


Ya casi son las 00:29 horas y Eugenia María sigue recordando aquel día, esa calle, esa avenida. A aquel único cliente manco que atendió en toda la noche y olía a whisky barato. El acto en sí duró poco, aquel individuo le contó que su sueño de visitar una destilería de whisky en las highlands de Escocia se había echo realidad; que la palabra whisky deriva del gaélico escocés “uisge beatha” y del gaélico irlandés “uisce beathadh”, que significa, en ambos casos, “agua de vida”. Después, el hombre se quedó dormido, parecía muerto. Eugenia María salió del motel en el que no estuvo siquiera una hora. Lo del borracho no fue sino cualquier otro momento más, con otra persona más, en uno de los tantos moteles que ya había visitado.
Cuando ya recién había empezado a caminar de regreso, recuerda ese auto negro que se detuvo en frente de ella, no era nuevo ni viejo, pero estaba cuidado. Un hombre, más o menos de su edad, iba dentro. Tenía el cabello algo largo, gafas oscuras y un poco de barba. Bajó la ventana. No pudo distinguir bien sus facciones.
-Hola –Dijo.
-Dos mil quinientos y me traes de regreso hasta aquí –Contestó Eugenia María poniéndose una mano en la cintura, tratando distinguir las facciones del llegado.
-Pensé que iba a ser más… te doy trescientos ya.…y mañana, de todos modos, los dos mil quinientos –Dijo el hombre.
-¡Ay mira! No me hagas reír... no jodas por favor –Contestó Eugenia María que caminaba de nuevo. El hombre echó de reversa el auto y la alcanzó.
-¡¿Qué quieres?! –Dijo Eugenia María ante la insistencia. El hombre bajó del auto y se paró en frente de ella.
-No es lo que parece –Dijo- es que necesito un favor. Sacó la cartera y se la enseñó. Traía muchos billetes.
-A mi no me hace falta el dinero, pero escucha –Agregó. Eugenia María pareció ofenderse, y confundida, se dispuso a escuchar.
-Te explico. Mira, te doy trescientos ahora, mañana que pase por ti, como a eso de las doce, vienes conmigo y te paso los dos mil quinientos; pero hay una condición… -Dijo el hombre.
-No te entiendo… ¿Por qué gastar el dinero así? –Preguntó Eugenia María
-Hazlo, el motivo luego te lo explico. Para que veas que no es juego también te doy una credencial aparte del dinero… ¿de acuerdo? –Dijo el hombre entregándole el dinero y la credencial. Eugenia María los aceptó desconfiada como si estuviera recibiendo otra cosa.
-¿Y cuál es tu condición? –Preguntó ella.
-Antes de mí, no te vayas con otro. Solamente tú y ningún otro sabor –Dijo él-… te arreglas;…no eres fea-Agregó.
Eugenia María se llenó de un leve rubor. El hombre ya se disponía a subir a su auto.
-¿Y como, según tú, quieres que me arregle? –Dijo ella jugueteando con la credencial antes de que se fuera, esa frase le había sonado conocida.
El hombre sonrió, por un momento se alzó las gafas y alzó los hombros. Su mirada era diáfana.
-Pura, mínima, –Contestó. Se fue.
Eugenia María se quedó parada, ahí, en medio de la calle, con una identificación en la mano y trescientos pesos que parecían haberlos encontrado de repente. La ciudad se comenzaba a inundar de rumores, de tintes. Los perros ladraban. A la gente que le toca trabajar de día comenzaba a realizar las primeras faenas. Miró la identificación; Aldahir Alcázar y Yermo,-Escritor, leyó. Contempló la fotografía, las facciones, los detalles; esa mirada.


Eugenia María, lúcida, sobre su silla de ruedas, a las 00:30, se sigue preguntando por que. No hay nada más en esa sala que pueda perturbar sus pensamientos, nada. La oscuridad es su testigo. La quietud su lecho. El silencio flirtea con sus dudas, con sus sensaciones, con cada cosa que no sabe y puede descifrar. Le gustaría correr las persianas, “¿Para que?” –se dice, “si es de noche, y yo se como se vive en la noche”. Eugenia María lo ve claro, como si acabara de suceder. Ve ese día, el de la entrevista, ni siquiera momentos antes sabía que iba a ser una entrevista. Desde los resquicios de su memoria llegan los instantes que transcurrieron. Se hace tarde y la enfermera no llega. “¿Se habrá quedado dormida?” –se pregunta Eugenia María. Quizá, como a ella le pasó ese día, despertando cuando eran pasadas las once; las vecinas, de igual oficio, ya se había ido a trabajar. En el cuarto donde vivía Eugenia María apenas si cabía un catre y un mueble desvencijado. Habían telarañas en los ángulos, manchas de humedad y cadáveres de insectos. Arriba vivía una pareja, la mujer; gorda, aguada y fétida, le pegaba a su marido con una antena de televisión, siempre se escuchaban los golpes.
Eugenia María se metió al baño, usaba jabón para ropa y se perfumaba con fragancias baratas . Se vistió y contempló en el espejo de marco oxidado y salitroso: botas negras de tacón hasta la rodilla, falda. Para complementar, camiseta blanca, ombliguera, y peinada de coleta alta. Llamaba la atención por su belleza. Nada de maquillaje excesivo o vulgar, labios rosas, algo de rubor y las pestañas pintadas con sombras café.
Llegó poco después de las doce a la calle concertada, como siempre, los pasajeros de algunos autos se la quedaban viendo y murmuraban en frente de ella, seguros, tras los cristales. Aún recordaba la única condición que le había pedido el tal Aldahir, -Antes de mi, no te vayas con otro –Literal. Miró el reloj, viendo que ya era doce y medio, y el individuo aquel no llegaba. A los pocos instantes se detuvo en frente de ella una camioneta grande, lujosa y reluciente. Desde el vehículo dos hombres la saludaron, eran algo obesos, con bigote y traían chamarras de cuero, collares, muñequeras y anillos resplandecientes y dorados.
-Súbete, reina, que hoy te vas a hacer millonaria –Dijo uno de ellos tocándose el bigote y mirándola de arriba abajo.
Eugenia María sabía que aquellas gentes traían mucho dinero, que en esa sola noche podría sacar lo restante para la semana, y, tal vez, hasta darse el gusto de no salir en los próximos días; estaba dubitante. Miraba a todas partes, no se le olvidaba nada de lo ocurrido el día anterior.
-Anda, preciosa, te prometo que nos vamos a portar bien –Insistía el hombre- Traemos unas botellas buenas, y, también mucho varo, y será por cada uno…
-Si, chiquita, no te vas a arrepentir. Traigo la cartera bien gorda y va a ser para ti –Añadió el otro mientras se tocaba la barba y le veía las piernas.
Eugenia María, por un momento, llegó a imaginar el supuesto dinero, sin importar quienes fuera esos sujetos, a que se dedicaran o como se llamaran. Quería que no importaran sus cuerpos peludos, mórbidamente obesos. Las caricias desenfrenadas de sus manos, el aliento hediondo, sus barbas, sus bigotes, o sus dientes de oro. ¿Qué más daba sentir esos labios con herpes? Dedos callosos. Esas cicatrices de sífilis y gonorrea. Resabios de insalubridad, preámbulos de muerte. A veces uno, a cambio de otras cosas, puede sobreponerse a otras tantas; según se quiera ver. Eugenia María dio media vuelta y se metió a una tienda que aún estaba en servicio. Los hombres se indignaron, y, acelerando de un momento a otro el motor de la camioneta, se marcharon.
-¡Chíngate, puta mal parida! –Gritó uno de ellos al tiempo en se iban.
Eugenia María no salió del establecimiento hasta que se hubieron alejado varias calles después. La gente, que en ese momento estaba comprando algún bien, se detuvo al momento de la sonora frase, claro está, boquiabierta y sin quitar su atención de ella.
-¿Se encuentra usted bien, señorita? –Le preguntó el hombre que cobraba.
-Si –Respondió apenas mirando.
-¿Necesita algo? –Volvió a preguntar el hombre.
-No, gracias –Contestó Eugenia María sin voltear a verlo.
Alrededor, una mujer le tapó los ojos a un niño pequeño que iba con ella. Las otras personas susurraban, unos adolescentes que compraban cerveza no despegaron su atención, susurrándose al oído y mirándola sin el mínimo pudor. Así, sin más, salió de nuevo a la calle.
-¿Dónde se habrá metido ese –Se preguntó a si misma, que miraba a ambos lados de la calle y cubriéndose los ojos para evitar que las luces de los carros la deslumbrara. Contempló su reloj, se bajó la falda y cruzó los brazos en la gélida noche. Las personas que salían del local, al tener que pasar cerca de ella, trataron de desviar su ruta.
Eugenia María seguía esperando. Algún carro se detuvo, pero pronto constataba que no era quien ella esperaba. Sacó la credencial, volvió a mirar el reloj.
Pasaron casi cuarenta minutos después cuando el mismo auto del día anterior se detuvo en la acera. Del el bajó la misma persona.
-Lo siento, se me hizo tarde. Es que estaba con unos amigos –Dijo él.
-Ah mira, mientras tú te diviertes, yo aquí estoy perdiendo tiempo, clientes y dinero. ¿Qué divertido no? –Respondió ella.
El no contestó nada, solo se quedó parado contemplándola.
-Bueno, ya, a lo que vamos, que ya es tarde y no he ganado nada. No te quedes ahí parado –Dijo Eugenia María queriendo como despegarse de su atención.
-¡Ah, si! –Dijo él- Claro. Apresurándose le abrió la puerta del auto. Ella entró suspicaz.
-¿A dónde vamos? –Preguntó ella
-A mi casa –Dijo él. Eugenia María se volteó a verlo sin entender bien.
-Para que tanta formalidad, a la vuelta hay varios hoteles baratos.
El volteó, frunció el ceño y después sonrió. Durante el trayecto no se dijeron casi nada.
-Creo que te ves bien –Dijo él antes de bajar a abrirle la puerta.
-Gracias –Apenas pudo contestar.
La casa no era grande. Dentro, de inmediato, había una sala con dos sillones y junto el comedor. Una luz amarillenta y moribunda alimentaba ambas piezas, el resto, estaba oscuro.
-¿Gustas algo? ¿Café? –Preguntó él.
-Café…. Aldahir se levantó y enseguida trajo una taza vaporosa. Eugenia María se sentó en uno de los sillones, la luz mortecina apenas iluminaba.
-Mira, solo respóndeme a todo lo que te pregunte, te pago y luego te iré a dejar. ¿Bien? –Le dijo. Ella no parecía captar, trató de mostrar seguridad, nada le parecía lo acostumbrado. Dio un sorbo a la bebida.
-¿Cómo te llamas?
-Eugenia María Dávalos del Sagrado Corazón de Jesús y todos los Santos.
-¿Desde hace cuanto que te dedicas a esto?
-Creo que siete años.
-¿Sabe tu familia? ¿Alguien más está enterado? Aldahir anotaba todo en una libreta sobre sus rodillas. Miró a su alrededor, tenía la mirada cansada, algunos mechones de cabello le caían en la frente.
-Solo mi madre se enteró al principio, después se fue con todo. Los demás no sé donde estén.
-¿Quiénes son los demás?
-Mi papá, mi hermano y un medio hermano.
-¿Qué hay acerca de ellos?
-Mi papá nos dejó y mi hermano se fue de mojado a los estados.
-¿Y el otro? Tu medio hermano. ¿Qué hay de él? ¿Lo conociste? ¿Recuerdas algo? Eugenia María parecía remembrar. Sus ojos se conjugaron con los de él, que tenía la pluma sobre los labios. Recordó y cambió la mirada. Sintió algo.
-Si. Yo tenía diez años y mi hermano tres. Mi papá había estado raro, un día llegó y le dijo a mi mamá: <>. Después no se que pasó, nos dijeron que nos fuéramos a nuestro cuarto, por un momento escuché gritos de ambos; luego nos habló mi mamá y dijo que saldríamos. Viajamos en carro más o menos media hora. Llegamos a una colonia muy pobre y nos detuvimos en una casa cuyo portón era de botes, cartones y láminas. Mi papá tocó y salió un hombre alto, flaco, barbudo y con los ojos rojos. <>, nos dijo a todos, a mi y a mi hermano nos miró profundamente. Entramos, el patio estaba lleno de metales, llantas, agua estancada, lodo e insectos. Salió una señora y una muchacha, que era con la que mi papá se había acostado. Mi mamá y la señora estuvieron discutiendo, creo que quedaron en que ellos se harían cargo del niño. Cuando nos íbamos salieron gritando los hermanos de la muchacha, uno de ellos tiró a mi papá y empezaron a golpearlo. Ella lloraba, mi mamá y la señora hacían lo posible por tranquilizarlos, al final accedieron. El hombre que nos abrió estaba sentado en una cubeta inhalando algo, nunca dijo nada. No entendía bien, mi hermano comenzaba a impacientarse y se aferraba a mis piernas, -en ese momento, Aldahir, se las miró, la vio a la cara y luego se sentó en el mismo sillón donde estaba ella, quien trató de disimular el rubor. Continúa, dijo él-, Mi papá se levantó, estaba sangrando, después entendí;… de lo que era la casa salió un niño pequeño; estaba vestido solamente con una camiseta vomitada, tenía mocos y la cara sucia. Sus manos y sus pies estaban negros, el cabello largo y enredado, tenía costras y cicatrices en algunas partes del cuerpo y arrastraba consigo un muñeco sin cabeza, dio algunos pasos y se calló al borde de un charco. Empezó a llorar, su mamá lo levantó, y juntos, como si se hubieran puesto de acuerdo, contemplaron a mi papá…todo aquello tenía por lo menos un año.
-¿Y luego? –Preguntó Aldahir.
-De regreso íbamos callados, mi papá se contenía la hemorragia con una servilleta. Cuando nos detuvimos en un crucero pasó un vendedor de papalotes; mi hermano exclamó emocionado y mi mamá se lo compró. Fuimos a un llano de fútbol a volarlo, mi papá no se bajó, estoy segura que lo hicieron para que se nos olvidara… -Dijo Eugenia María con la vista fija en las manos de Aldahir escribiendo.
-¿Y después? ¿Cómo era ese día?
-Atardecía, mi hermano reía, el sol era naranja, el cielo rosa, morado, rojo y violeta -Dijo Eugenia María. Esperaba a que Aldahir terminara de anotar para que levantara la cara-. Algunos meses después nos dejó mi papá, mi mamá enloqueció por las deudas, la soledad y otras cosas; nos dejó a mi hermano a mí con una señora “supuesta” amiga suya, la desgraciada nos puso a trabajar. No teníamos documentos ni nada, casi éramos de su propiedad.
-¿Y como fue que empezaste de…? Bueno, ya sabes –Dijo Aldahir.
-¿De prostituta?. Fue una noche lluviosa, esa desgraciada me dijo que si quería comer algo, yo dije que si. Me acarició la cara y dijo que no era nada fea; en ese momento alguien tocó en la puerta, ella fue abrir y entró un hombre de la misma vecindad. Ya lo tenía planeado, no supe que hacer, la maldita todavía tuvo la osadía de decirme que me relajara… el hombre me dio asco. Al final, con lo mismo que me pagó, la señora y yo salimos a comer tacos; <> dijo mientras regresábamos a la casa. Fue la única vez que lloré. Meses después escapé y desde entonces no ha vuelto a saber algo de mí, al no tener nada, solo me he dedicado a esto; y he sobrevivido como he podido. De otras he recibido consejos, hasta una conocida, alguna vez, me dejó vivir con ella. Me enteré de que murió golpeada por un hombre que no la consideró guapa.
-Entiendo –Dijo Aldahir, que rozó su dedo meñique.- ¿Y dime, alguna vez te ha gustado alguien, te has enamorado, pareja; o algo? Ella se quedó pensando y mirando la mano con la que la había tocado. Balbuceó algo. Corrigió.
-Alguna vez he tenido clientes que no son feos, solo eso; desde que he estado en edad para esas cosas no he tenido mucho tiempo para pensar, las necesidades primero. Cierta vez me gustó un mecánico, vivía con su madre, eran mis vecinos; pero jamás me vieron con buenos ojos. Siempre supe que yo también a él.
-¿Algo más? –Preguntó Aldahir.
-¿Algo más? ¿Qué puede tener de atractivo la vida de alguien como yo? Conocí hace tiempo a una gitana, era buena, no me juzgaba; y leyéndome la mano me dijo que me enamoraría sin que me diera cuenta hasta tiempo después. No creo en nada ni en nadie –Dijo Eugenia María echando la cabeza hacia atrás. Cerró los ojos.
-Gracias, Eugenia; ha sido todo –Dijo Aldahir poniéndole el dinero en una mano. Ella ya se había olvidado, frunció un gesto.
-Tenía tiempo que no escuchaba mi nombre; Aldahir –Dijo ella. El volteó a verla…
-Ah, es verdad; que te di mi credencial; lo leíste, ¿no? –Dijo él.
-Si. Escritor, ¿verdad; por que? –Dijo ella. Él esbozó una sonrisa, volteó a verla y alzó los hombros.
-No lo se. Ni siquiera he publicado algo, aún así, es lo único que me mueve. Las preguntas que te hice son para un libro; le ven posibilidades, si lo publican y comienzo a ganar dinero iré por ti para que brindemos; y claro, en los agradecimientos estará tu nombre. –Dijo él.
-Cuando te vi pensé todo de ti menos eso, que sería lo de siempre… -Dijo Eugenia-; a lo que me dedico.
-Los escritores son como los abogados o los panaderos, solo personas, también te pude haber pedido eso. El oficio no nos hace diferentes -Dijo Aldahir abriendo la puerta-, como sea, es tarde; te iré a dejar. Eugenia María se levantó y salieron.
La temperatura había bajado en el exterior; estaba cayendo una llovizna dispareja ajetreada por algunas ráfagas de viento.
-Hace frío –Dijo Aldahir, que se quitó la chamarra y se la ofreció a Eugenia María quien la rechazó.
Durante un tramo del trayecto no dijeron nada. Solo se oía la cadencia del agua que no cesaba y algunos ruidos esporádicos en las desoladas calles invadidas por el letargo nocturno.
-Esa de ahí se llama Francisca. Una noche me atacó por que según ella yo era más guapa y le estaba quitando clientes, la desgraciada trató de hacerlo con un cuchillo de comida. Tiempo después me enteré de que le dicen “Pancha la fea” –Dijo Eugenia María en un alto; mirando hacia su izquierda, del lado de Aldahir, a una mujer algo mayor no atractiva. El volteó también, luego contempló a Eugenia Maria.
-Creo… creo que no se equivocaba –Dijo susurrando él. Ella lo miró a los ojos, sus facciones se relajaron y se acercó más.
En ese minuto las palabras se anularon, pasaron a comunicarse en un leguaje más cercano, en una criptografía que solo ellos podían entender y los dispuso ajenos a los sistemas racionales de la mente; depositándolos en las grietas donde la locura, y quizá hasta el corazón; dejan a uno en los vívidos pulsos de los sentimientos que se rebelan.
Fue el instante que consagró la noche. Los movimientos que debían hacer uno y el otro. Se acercaron bastante para que pudieran sentir su aliento, ella rozó delicadamente su rostro con el de él; sintiendo los pómulos, las pestañas, los labios. El, quitando la mano del volante, recorrió el muslo de Eugenia María hasta quedarse debajo de su falda y sentir la tibieza. Nadie opuso resistencia; un beso lento y corto liberaría los últimos racimos de la inquietud de sus emociones.

Se separaron, Eugenia María puso su mano encima de la de él, que todavía estaba en su falda. Se sintió herida, renovada, sorprendida, predecible. Como si no fuera Eugenia María prostituta; sino solo Eugenia María. Temblaba, se hizo pequeña, sencilla, otra vez pura. Su vida ya estaba partida en antes y después de ese instante.
-Atrás hay un ho…. –Dijo estremecida. Parecía otra, sus expresiones se volvieron diáfanas. La respiración galopaba, estaba llena de una ansiedad apremiante y desbordada.
-Solo vamos –Le interrumpió quedo Aldahir poniéndole el dedo índice sobre los labios…

A las 00:31 horas Eugenia María sigue esperando a la enfermera. Llega a la parte que la enloquece. Esa noche, mientras se habían detenido en esa calle, otro auto que iba a exceso de velocidad se impactó contra ellos. Eugenia María sigue sintiendo los vidrios, el acero retorcido; su sangre. Días más tarde despertó en aquel nosocomio. Cuando pudo hablar preguntó por él que iba con ella; le dijeron que no se había salvado.
Eugenia María aún puede sentir el beso en sus labios o la mano dentro de su falda. La lluvia que caía antes de salir. El aliento de Aldahir, los relieves de su rostro; incluso a Pancha la fea. La vieja noche lluviosa que los unió por breves segundos. Su mano sobre la de él. La piel, los nudillos; la tibieza y el deseo y tantas cosas. Quiso ser tomada, deseaba ser deseada; casi lo consigue.
Súbitamente llega la enfermera.
-Mari, sigues despierta... ¿pero que estás haciendo? -Dice la enferme mirando a Eugenia María con la mano en su sexo.
-Buscando sentír algo que debí haber sentido hace tiempo.
La enfermera le administra el farmaco. Lentamente va teniendo su efecto y hacia las 00:32 Eugenia María se olvida de todo y todos, hasta lentamente anularse a si.